¿Qué hacer cuando hieren la sensibilidad de nuestros hijos?

Hace unos días, llevé a Ania a la peluquería para que le hagan cerquillo o flequillo como le dice ella. La verdad, me encanta cómo le queda y demoré algunas semanas en animarla a hacerlo. A ella le gustó cómo le quedó pero, cuando llegamos a casa, su hermano le dijo que le quedaba feo. Típico de hermanos.

Ella, no reaccionó en ese momento, pero al rato se fue al baño diciendo que quería hacer pila. Unos segundos después, me fui al baño atrás de ella porque sospechaba que se había ido al baño por lo que su hermano le había dicho. Dicho y hecho. La encontré trepada en su banquito tratando de sujetarse el cerquillo con unos ganchitos “para que ya no se vea”.

Si bien me dio ganas de decirle muchas cosas a mi otro hijo , primero me concentré en ella. Conversamos un rato al respecto, de cómo se sentía y qué pensaba, y le dije varias cosas, entre ellas que si a ella le gustó no debe darle tanta importancia a lo que digan los demás, lo importante es que ella esté conforme; que a veces los hermanos son así, molestosos, que mi hermano me hacía cosas parecidas -y le conté algunas- y después maduran y cambian (un poco). Que no deje que las cosas feas que alguien le diga entren a su corazón, porque la dañaban y que perdonara para que su corazón no se llene de tristeza y resentimiento.

Ya más tranquila, salí y hablé con Joaquín acerca de ser amable y no herir los sentimientos de los demás.

Luego me quedé pensando en que si bien ahora yo estoy allí para contenerla, consolarla, etc. van a haber situaciones en que sus emociones la desbordarán y a su hermano también, que les dirán cosas que herirán sus sentimientos, que ellos mismos dirán cosas hirientes, que su autoestima se verá afectada y tantas otras cosas. Qué duro sentir que dañan a nuestros hijos o que entre ellos se hieren. Pero no podemos tenerlos en una burbuja. Pienso que debemos hacerlos más fuertes, enseñarles a ser amables, sensibles a los demás, sí, pero emocionalmente fuertes, sólidos. Sí que es difícil!

Al día siguiente, cuando Ania fue al colegio con dos colitas y cerquillo, me contó la miss que prácticamente causó sensación. Que los niños empezaron a decir que se veía diferente y que estaba muy bonita y ella se sonrojó.

Es cierto que a veces las relaciones entre hermanos son tirantes por momentos, que se molestan entre sí y pelean un montón, pero eso también enseña. Es una escuela para la vida. Yo siento que mi hija se ha hecho un poco más fuerte, que está aprendiendo a defenderse, a reclamar, a no dejarse, a no llorar por cualquier cosa. Y confío en que él seguirá aprendiendo a tratar a las mujeres.

Mamá Quiero Leche
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