Cuando tu hijo te dice que te odia ¿realmente te odia?

preadolescente


Cuando tu hijo o hija te dice que te odia, que no quisiera que seas su papá o su mamá, ¿es realmente lo que quiere decir? ¿Es lo que siente o desea de verdad?

A veces lo dicen con tanta intensidad y convicción que pareciera que sí. Pero el último incidente con mi hijo, nos ha confirmado que no es así, que lo que sienten no es exactamente eso. Solo que escuchar de la boca de tus hijos, que no te quieren, que te odian o a su papá, te mueve y te duele.

Fue duro escuchar a Joaquín decir con tanto sentimiento que hubiera querido que su papá no sea su papá, que no lo quiere y que, finalmente, lo odia. No se lo dijo a él directamente (después lo hizo), me lo dijo a mí a raíz de un incidente que no debió pasar a mayores pero al parecer, le afectó sobremanera.

Yo lo miraba y trataba de comprender sus palabras, su sentir, porque el amor, admiración y apego que Joaquín siente por su papá es muy profundo y viceversa (si lees aquí y aquí, lo entenderás un poco). Entonces, escucharlo decir que lo odiaba o frases de ese tipo, como que no encajaba.

Tampoco soy de dejar pasar cosas así, de ese calibre. No puedo. Pienso y creo que si uno verbaliza ese tipo de sentimientos, tan intensos, -aunque no sea de manera exacta- está revelando cosas profundas, que afectan, quizás escondidas o relacionadas.

Trate de hablar con él pero no logré nada.

Después de un rato, Percy, mi esposo, entró al cuarto a conversar con él. Al inicio, escuché nuevamente los clamores viscerales: ¡Te odio! ¡No quiero que seas mi papá! Percy insistió repreguntándole por qué se sentía de esa manera. En ese momento, las cosas empezaron a aclararse lentamente. ¡Tú no me quieres! ¡Tú prefieres a mi hermana! ¡Siempre estás trabajando! ¡Ya no pasas tiempo conmigo! ¡Siempre llegas tarde!

Para entender este reclamo deben saber que mi esposo ha cambiado de trabajo y, debido a la distancia, demora una hora más en llegar a casa y a veces los encuentra dormidos. Antes trabajaba a 10 minutos. El enano estaba sintiendo la pegada.

Su “te odio”, “no te quiero”, “ya no quiero que seas mi papá” era en realidad un “te extraño papá”, “te necesito”, “me haces falta”. Estaba resentido y proyectaba su dolor en esas palabras duras, para que su papá se sienta igual de mal.

EL PERDÓN ES LA CLAVE
Luego de que mi hijito pusiera en palabras esas emociones que ya se estaban trasluciendo en su comportamiento diario y su actitud, mi esposo le pidió perdón. Evidentemente, no se trataba de que e´l le haya hecho algo, pero su ausencia lo había afectado profundamente. Joaquín lo perdonó llorando y le dijo que sí quería que sea su papá, que no lo odiaba y que lo amaba. Llegaron a acuerdos sobre pasar más tiempo juntos, jugaron un rato y lo acostó.

Después de esta experiencia con mi preadolescente, me quedé pensando en cuántas veces metemos la pata, no prevemos situaciones que les pueden afectar o hacemos o decimos cosas sin querer queriendo, y cuán importante es pedirles perdón y arreglar las cosas en serio.

Yo no creo que un hijo de esa edad realmente odie a sus padres, aunque lo manifieste con mucha intensidad. Lo que creo es que tiene emociones profundas, quizás resentimiento, heridas, carencias, dolor, reclamo o algún otro sentimiento que lo aqueja. Pienso que al decir “te odio” o alguna frase como esa, está clamando “quiero que esta situación cambie”.

Creo que en el fondo, los padres lo sabemos. Solo que cuando nos toca vivirlo puede ser muy chocante y perdemos perspectiva. ¿Te ha pasado?

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