Lidiando con un preadolescente – Parte 2: Explosiones

Hoy, Joaquín se puso a llorar.

Fue un llanto diferente. El reclamo que acompañaba el llanto reconfirmaba lo que ya sabemos: la preadolescencia está aquí. “Estoy aburrido, quiero hacer algo (y no sé qué), nunca hacen nada conmigo, siempre están ocupados, nunca viajamos”. Esta lluvia de siempres y nuncas me hizo recordar que para los niños todo es absoluto, un tal vez es sí, un a veces es siempre, un esta vez no es nunca. ¿Los adolescentes también?

Es curioso su reclamo porque siempre andamos juntos, a todos lados vamos con ellos -son muy pocas las veces en que se quedan- y la mayoría de nuestras actividades “extracurriculares” son pensadas en pasar tiempo con ellos y sembrar recuerdos. 

Tratando de darle una perspectiva más real de las cosas, nos pusimos a conversar. Sus argumentos perdían solidez pero él seguía con la misma actitud, hasta que la frase típica adolescente saltó a relucir: “¡Ustedes no me entienden!”. Llanto de dolor e incomprensión.

Mi corazón se arrugó por mi hijito. Las cosas que me estaba diciendo no reflejaban la realidad, pero eso era irrelevante, porque reflejaban lo que sentía. Quisiera que nunca se sintiera así pero sé que es parte del proceso. ¿Y ahora cómo le hago para que entienda que lo comprendo perfectamente? ¿Cómo le hago para que sepa y sienta que le amamos profundamente, a pesar de sus explosiones hormonales?

Lo miré y le dije: “ven, te quiero abrazar”. Rodó desde su lado de la cama y se acurrucó entre mis brazos y se puso a llorar. No supo explicarme cómo se sentía ni qué quería, así que recordé mis tiempos adolescentes y le conté un poco cómo me sentí yo en esos tiempos y al preguntarle si eso era lo que le estaba pasando, asintió con su cabeza.

Le dije que por supuesto que lo comprendía y que sobre todas las cosas lo amaba mucho, que su papá y yo siempre lo íbamos a amar, sin importar las circunstancias. Respiró y se calmó. Oramos juntos y nos pusimos a conversar de otra cosa.

Quedaron dos cosas en mi corazón, primero, mi hijo debe saber y sentir, más que nunca, que nuestro amor por él es incondicional. Segundo, debemos prepararlo para lo que viene.





Créidto foto: http://www.guiainfantil.com/articulos/adolescencia/cambios-emocionales-en-la-preadolescencia/
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