Lidiando con un preadolescente – Parte 1

Hay días y días.

Y en esta familia que está empezando a lidiar con un preadolescente en ciernes, hoy fue uno de esos días.

Nada lo complace, de todo reniega, todo cuestiona. Luego vuelve a ser el niño de siempre, juguetón y bromista. Al rato, otra vez renegando, otra vez reclamando, otra vez dando la contra. Luego, juega con la hermana como niños. Luego, la edad del pavo, esa en la que todo se le cae y con todo tropieza. Tosco, brusco, juguetón. La hermana llora. Se enoja. Contesta bien, contesta mal. Todo el día quiere comer. No se quiere bañar. Reclamos, autoreflexión, llantos…

¿Suena confuso? Pues lo es.

Frustración, irritación, impaciencia, culpa. Es agotador.

Mi niño de voluntad firme está dejando de ser niño y siento que necesito encontrar mi equilibrio. Porque la dinámica familiar está cambiando y me hace sentir un poco perdida, porque lo sigo tratando como siempre y él grita su desacuerdo.

Hoy, mi esposo y yo, recordamos y aprendimos algunas cosas:

1. Ya no hay marcha atrás. Nuestro pequeño está entrando a la preadolescencia. No podemos regresarlo a la infancia (aunque quisiéramos).

2. Somos un equipo. 

3. Somos humanos y fallamos.

4. El perdón es fundamental. Pedirlo, darlo y recibirlo.

5. El amor es incondicional. Para todos los miembros de la familia, así hayan tenido un mal día.

6. Comunicarnos efectivamente es necesario e indispensable.

7. Debemos prepararlo para la vida. Para su independencia, para tomar decisiones sabias, para decir no cuando deba hacerlo, para resistir la presión…

Los días buenos son hermosos y alentadores. Los días malos desgastan. Los días peores te pueden llevar al límite. Pero de todo se aprende.

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