¿Ansiedad excesiva por comer? Esto te podría estar pasando

Un año después de que nació mi hija menor, noté que algo raro me pasaba, tenía una ansiedad excesiva e incontrolable por comer. Siempre fui un poco de antojitos pero nunca tan hambrienta como en ese tiempo. Media hora después de almorzar, tenía hambre de nuevo. Y una hora después, otra vez. Siempre tenía que estar comiendo algo, y si eran harinas y dulces, mejor.
Llegué al punto de devorar las sorpresas de los cumpleaños a los que llevaba a mis hijos, literalmente, y dejarlos casi sin nada. Era vergonzoso y desesperante porque no me podía contener. Y desesperante también porque empecé a subir mucho de peso. Todo lo que perdí después de dar a luz, lo recuperé y aumenté con creces.
 
Me sentía mal conmigo misma porque quería bajar de peso, volver a la “normalidad” y no podía. No había dieta que pudiera llevar por mucho tiempo porque la ansiedad por harinas y dulces jugaba en mi contra. Y ganaba.
 
Hasta que un día, conversando con una amiga, me contó de un trastorno del metabolismo que ella tenía y qué era lo que le había estado pasando. Abrí grande mis ojos y respiré. Y ya no me sentí tan mal. Estaba casi, casi segura que eso era lo que tenía yo.

Inmediatamente fui al endocrinólogo y, luego de varios análisis, dio en el clavo: Resistencia a la insulina. ¿A la insu… qué?
 
 
 
Ese día, fue la primera vez que escuché qué era la Resistencia a la Insulina y que si la dejaba avanzar, me volvería diabética. Señales de alerta por todos lados. Empecé inmediatamente el tratamiento: ejercicios, alimentación saludable y medicación.
 
Empecé a perder peso rápidamente y mi salud se estabilizó. Por más de un año estuve bastante bien pero, como suele suceder cuando te mejoras, me descuidé. Empecé a ganar peso de nuevo, y aunque la ansiedad nunca volvió a ser tan intensa como antes, estaba presente y latente, y tenía otros síntomas más, típicos de este trastorno.
 
Me descuidé por varios años hasta que, hace algunos meses, empecé con el proceso mental de re-toma de conciencia. Es que siendo sincera, no quiero que los 40 me encuentren con achaques y problemas de salud, y tampoco quiero que mis hijos hereden estos males, si puedo evitarlo. Así que llegó el momento de ponerme las pilas y hacer algo.
 
 
¿Qué significa todo esto?
 
Primero, que si tú, tu cónyuge o ambos son diabéticos o tienen Resistencia a la Insulina, las probabilidades de que tus hijos las tengan es muy alta. Esto es lo que me ha movido a mí a hacer estos cambios. Quiero hacer todo lo posible para que mis hijos no tengan este trastorno y menos diabetes.
 
Segundo, que nuestra genética latina se inclina hacia la diabetes y hacia la Resistencia a la Insulina. Pero si la tienes, puede estar bajo control.
 
“La Resistencia a la Insulina es muy silenciosa y está tan poco difundida que muchas personas la tienen y no lo saben,” nos explica el médico nutriólogo Arnaldo Hurtado, asesor nutricional de Laive.
 
Mucha gente tiene Resistencia a la Insulina y no lo sabe. Tú podrías tenerla y no saber.
 
A qué síntomas deberíamos prestar atención:

1. Ganancia de peso crónica y dificultad para perderlo. Y si sigues subiendo, prende la luz roja de alerta. Pero ojo, considera que hay personas delgadas que tienen este trastorno, precisamente porque hay un factor genético de nuestra raza latina.

2. Sueño y cansancio excesivo, sobre todo después de comer.
 
3. Pérdida de memoria. Este síntoma es mío. Antes, mi esposo decía que tenía una agenda en la cabeza y ahora, hasta me olvido qué fui a traer de la cocina.

4. Si tu cintura es mayor a 90cm en hombres y 80cm en mujeres. Otra luz roja.

5. Antojos excesivos por harinas y dulces.

6. Piel oscurecida o rayas negras –acantosis nigricans-: alrededor del cuello, axilas, entrepierna, nudillos, entre otras zonas con pliegues. Si notas esto, enciende tus luces rojas titileantes.

Nudillos oscurecidos.
Pliegues del cuello oscurecidos.
Si tienes varios de estos síntomas, no pierdas tiempo, saca cita con el endocrinólogo ya. “El problema es que la Resistencia a la Insulina sí o sí se convierte en diabetes y cuando llegue ese momento, ya habrá compromiso cardiometábólico, es decir, triglicéridos y colesterol elevados, que pueden traer problemas al corazón e hígado,” agrega Hurtado.
 
¿Cómo funciona la Resistencia a la Insulina?
 
Empecemos entendiendo cómo funciona la insulina. El doctor Hurtado me lo explicó claramente, espero poder hacer lo mismo.
  • Lo primero que debemos saber es que todo alimento que ingerimos (sólido o líquido) se transforma en GLUCOSA. La glucosa es necesaria porque es la energía, el combustible que nuestro organismo requiere para funcionar.
  • Cada vez que el páncreas detecta la llegada de glucosa, produce INSULINA. La insulina es el transporte de la glucosa hacia los distintos órganos y tejidos que la requieren: cerebro, hígado, músculos, etc.
  • La glucosa tiene un receptor que se “engancha” a la insulina para ser transportada. Digamos que la proporción, para ponernos un poco didácticos, es de uno a uno. Una insulina engancha a una glucosa y la lleva a los tejidos.
  • Cuando hay Resistencia a la Insulina, ese receptor que hay en la glucosa, se bloquea. Entonces el páncreas, debe producir más insulina para transportar esa glucosa. Es decir, entre varias insulinas, enganchan a una glucosa.
  • El problema es que ya no la llevan a donde deben, sino que la empaquetan como ácidos grasos y la depositan en las células de grasa (adipocitos). A la glucosa castigada la llevan a la sala de detención. Y los más castigados somos nosotros porque esto nos trae muchos problemas de salud.
¿Qué hacer?
 
Primero que nada, ir al doctor. El diagnóstico es fundamental para saber cómo está tu organismo y qué tratamiento necesitas. Cada cuerpo es distinto y reacciona de diferente manera. Habrá quien solo necesite una dieta balanceada y ejercicio, y otros también necesitarán medicación.
 
La dieta y el ejercicio son la base del tratamiento, y lo será a lo largo de la vida. “Cuando tienes Resistencia a la Insulina es fundamental mantener la glucosa estable. No puede haber ni bajones ni golpes de glucosa, hay que evitar alimentos ricos en azúcar como harinas, dulces o alcohol, y por eso es necesario comer 5 veces al día de una manera saludable y balanceada. Pero el ejercicio también es vital. La masa muscular aumenta el metabolismo y el gasto energético que hace el cuerpo, esto facilita la respuesta, el “enganche” de la glucosa a la insulina,” enfatiza el también especialista de Nutritional Media.
 
Luego, cambiar el estilo de vida. No pensar en el tratamiento como algo temporal, como una cuestión de bajar de peso y ya. Es un verdadero cambio en la forma de comer, en la actividad física, en el consumo de agua, que debe persistir en el tiempo.
Toma conciencia y hazlo tu prioridad. Ése fue mi error. Fue mi prioridad por un tiempo, pero poco a poco fue desplazada por otras cosas y me descuidé. Ya no más. Por mí y por mis hijos.



1 comment
  1. […] mi caso, por ejemplo, a pesar de saber que tenía Resistencia a la Insulina (lee el post aquí), postergué por mucho tiempo las visitas al médico, la dieta y el ejercicio. Tenía mil excusas, […]

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