Las explosiones de sinceridad de los niños

La primera `espontaneidad´ de mi hijo fue cuando tenía casi 4 meses de nacido. Fuimos a la boda de una de una amiga y, como iría con vestido, me saqué leche para llevarle un biberón. En una parte de la ceremonia, mientras cantaban, se lo di. Cuando terminó, lo puse en mi hombro para sacarle su chanchito y, cual Chavo del Ocho y su maestro longaniza, Joaquín emitió tremendo y sonoro eructo justo cuando la música acabó y todo había quedado en silencio. Mi esposo y yo nos miramos con los ojos bien abiertos y nos hicimos los locos ante las miradas sorprendidas alrededor nuestro.
Y es que la sinceridad de los niños es así, espontánea, impertinente, impredecible. Te agarra de sorpresa y, a veces, te explosiona en la cara y te la deja roja de vergüenza.

http://www.comicsdehumor.com/

Cuando era pequeño, no sé por qué razón a Joaquín no le gustaba que lo saluden. No solo no le gustaba, le fastidiaba. Había dos o tres personas además de nosotros a las que saludaba con cariño, pero a los demás, seriedad absoluta. En algunas ocasiones podía llegar a ser muy vergonzoso, como cuando nos encontramos con una amiga y ella, con mucho cariño, lo quiso saludar efusivamente. Él, con cara de desesperación, le pegó un manotazo en la cara, cual cachetada.


En otra oportunidad, estaba con Joaquín y Ania en el micro, y Ania me dijo a voz en cuello: “Mami, ¿cómo nacen los bebés?”. Sentí que la atención de todos los pasajeros estaba en la respuesta que daría. O cuando ella y yo estábamos en un ascensor y subió un señor que olía a cigarro y me dijo: “¡Ese señor apesta!”.

Pero también nos dicen cosas a nosotros, como cuando le expliqué a Joaquín cómo le daba la semillita el papá a la mamá y al final él me preguntó de lo más suelto de huesos: “¿Tú y papá han hecho eso?”. Obviamente, mi respuesta tuvo que ser “sí, hijito”. Claro que él cree que solo fueron 2 veces porque solo tenemos 2 hijos. J

¿Qué hacer en esos casos?

Nosotros tenemos dos claves: Naturalidad y Verdad. Nuestro deseo es que ellos se sientan en la libertad de decirnos y preguntarnos cualquier cosa, lo que sea. Desde lo más simple o vergonzoso hasta lo más profundo. Todo. No hay nada de lo que no se hable, claro que los temas se tocan acorde a la edad.

Cada cosa que ellos preguntan o comentan es tomada en cuenta, sus bromas, sus observaciones, sus aportes, todo. Y nuestras respuestas, en la medida de lo posible, tratamos de que sean con naturalidad y verdad, porque deseamos que en primera instancia recurran a nosotros. Esa sinceridad nos permite conocerlos, comprenderlos y, también, enseñarles y corregirles `en frío´.

No es tan fácil, yo lucho con mi seriedad y esa característica mía de analizarlo todo. Mi esposo lucha con su espíritu bromista para que ellos no sientan que se está burlando.

A veces pueden decir las cosas de una manera poco amable, como por ejemplo ayer en la tarde. Me había tomado una taza de café y, al rato, cuando me acerqué a Ania para leerle la indicación de su tarea, me dijo: “Mamá, tu aliento huele asqueroso”. Es cierto que me sonó feo y me dejó una sensación no muy agradable en el pecho, pero no dejaba de ser verdad, ella detesta el olor a café. Solo le dije que asqueroso es una palabra muy poco amable y que la próxima vez diga huele mal o no me gusta como huele.


Me encanta la sinceridad de mis hijos, aunque a veces me explote en la cara, aunque a veces me dé vergüenza, aunque a veces no sepa qué hacer o decir.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *