El Poder del Perdón

Hace unos días, cuando estábamos camino al colegio, Ania se molestó conmigo. Me di cuenta porque al mirarla por el retrovisor, su carita estaba compungida, su ceño fruncido y su mirada enojada.

Estaba molesta porque no la había dejado hablar. Ni siquiera le di la oportunidad de decirme lo que quería. En realidad, yo ya sabía lo que quería, ¿les ha pasado? A mí, casi todo el tiempo, con mis hijos y mi esposo también. Lo que ella quería era que Joaquín y yo dejemos de cantar para que ella cante solita.

Lo que ocurre es que en las mañanas, cuando los llevo al colegio, nos gusta cantar, a los 3. Pero de un tiempo a esta parte, la petisa me ha estado diciendo: “mamá cállate, quiero cantar sola”. A veces la he dejado –tratando de explicarle cómo debe decirlo de mejor manera- porque me gusta que quiera aprenderse la letra de las canciones. Pero esta vez no quería, Joaquín y yo estábamos cantando también y era un momento bonito.

La dejé con la palabra en la boca y ella se molestó.

Cuando llegamos al colegio, la abracé y le dije vamos a conversar. Joaquín ya no estaba así que pude tomarme el tiempo para hablar. La conversación fue más o menos así:

Mamá: Estás molesta ¿no?
Ania: ceño fruncido, mirada hacia abajo, silencio
Mamá: Estás molesta porque no te dejé hablar
Ania: (voz llorosa) Yo solo quería decirte que no cantes porque quería cantar sola
Mamá: Ya sabía que me ibas a decir eso, por eso te dije que no.
Ania: (llanto) Pero ni siquiera me dejaste decírtelo… (Más llanto)….

En ese momento, me di cuenta de lo importante que era para ella que la dejara expresarse. No se trataba de mi negativa, se trataba de que me dijera lo que pensaba.

La abracé fuerte, le expliqué mi error y le pedí perdón. Me abrazó muy fuerte, me dijo te perdono y se calmó. Luego de un rato, entró tranquila al colegio.

El perdón es poderoso. Cuando se pide, se recibe y se otorga. El perdón es una decisión que sana, restaura y libera. También protege el propio corazón del resentimiento, amargura y demás venenos.

A veces es difícil inculcarlo de tal manera que ellos entiendan por qué es importante pedir perdón y perdonar también. Pero lo más difícil, para ellos y para nosotros, es vencer el orgullo o las emociones que te dirigen en sentido contrario, aún cuando sabemos que el perdón es el mejor camino.

Ellos deben saber que nadie es perfecto, que todos nos equivocamos –niños y adultos- y que eso es parte de vivir. Y que existen maneras de arreglar las cosas, con sinceridad y arrepentimiento.

Artículo publicado en el Portal de Mamás Blogueras Peruanas el 01-09-2015
http://www.mamasbloguerasperuanas.com/2015/09/el-poder-del-perdon.html

1 comment
  1. El orgullo es el veneno más malo que debemos aprender a combatir.

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