Los sentimientos detrás de la confrontación

          
Cuando tienes más de un hijo, las confrontaciones son inevitables. A veces, las razones pueden ser celos o egoísmo como “si él se pone colonia, yo también quiero que me pongas. Pero hace un rato me dijiste que no querías. Ahora sí quiero” o “ese es mi juguete, dámelo. Pero si no estás jugando con él, es mío y no quiero que lo toquen”.

Otras veces, esas confrontaciones pueden revelar cosas importantes. Hace unos días, hubo una de esas en casa, una que escondía sentimientos profundos detrás.

Ese día, mi esposo llegó un poco tarde del trabajo, justo cuando ya era la hora de dormir. Por lo general, él siempre los acuesta y esta vez, sería Joaquín el primero. Ania estaba esperando tranquila su turno, hasta que ya no quiso esperar más y entró al cuarto diciendo: “Quiero estar con mi papá.”

La reacción no se hizo esperar. “Vete de mi cuarto!”, “Quiero estar con mi papá”, “Qué te vayas, no quiero que estés aquí!”.

Llanto por un lado y enojo por el otro. Los ánimos empezaron a caldearse, la voz de Joaquín era cada vez más fuerte, los chillidos de Ania más agudos y mi esposo sonaba más enojado. Yo escuchaba desde mi cuarto. Luego de unos minutos, Joaquín ya estaba totalmente encolerizado contra su hermana, sus palabras y su tono eran ofensivos. Percy, se levantó, le llamó la atención y se llevó a Ania.

Yo me quedé con un nudo en el corazón. Había algo me decía que ese enojo contra su hermana iba más allá. ¿Instinto? ¿Intuición? ¿Perspectiva? ¿Inspiración divina? Un poco de todo, creo.

Cuando Percy salió del cuarto, Joaquín empezó a llorar. Era un llanto de dolor, que revelaba sus emociones, un llanto que me conectó con él. Me acerqué y le dije: “dime hijo, ¿lo que realmente quieres es que tu hermana salga de tu cuarto o tener un tiempo a solas con tu papá?”. Su llanto estalló y con voz dolida gritó: Siiii!!!!

Entonces le dije: “La próxima vez, di lo que realmente sientes y no ofendas a los demás. Has hecho sentir mal a tu hermana, discúlpate con ella”. De ahí, la calma nocturna volvió y cada uno, con paciencia, aceptó su turno a solas con papá.

Solo puedo imaginar lo difícil que puede ser para un niño lograr entender lo que siente y ponerlo en palabras, si para un adulto ya es difícil. Como padres tenemos triple tarea, interpretar sus conductas e intenciones, enseñarles a manejarlas y sacarlas de su interior asertivamente. Y esto es muy difícil.

Hay que darles tiempo, conocerlos, conectar, aceptar nuestras equivocaciones en este proceso, tener paciencia, persistir y ser ejemplo.

¿Han estado en una situación así alguna vez?

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