¿La vergüenza puede ser una herramienta de corrección?

Yo diría que… depende.

Creo que hay una diferencia entre la vergüenza que uno siente como resultado de darse cuenta que ha actuado mal, metido la pata o reaccionado exageradamente. Es una vergüenza producida como consecuencia -digamos natural, no provocada- de alguna acción.

Pero hay otro tipo de vergüenza. La vergüenza sembrada.

El otro día, vi que un papá trataba de controlar el berrinche en público de su pequeña hija. Probó varias cosas pero nada resultaba. Entonces le dijo: “Uy, qué vergüenza, todos te están mirando, qué van a decir, qué niña tan berrinchosa y malcriada”.

Me quedé pensando largo tiempo en lo ocurrido y si algo así funcionaba o no. Con esa niña no funcionó, es más, si yo hubiera sido la niña, hubiera dicho “a mí qué me importa!” o algo así, jiji… pero los niños no son iguales. Cada pequeño tiene su propia sensibilidad. Algunos pueden reaccionar con rebeldía o cólera, otros con llanto y con un sentimiento de humillación.

Tratar que alguien sienta vergüenza por algo que no le produce vergüenza me parece innecesario y hasta perjudicial.

Primero porque no creo funcione. No lo hizo con esa niña y con los míos creo que solo lograría un muy enojado qué me importa.

Pero si funcionara sería por las razones equivocadas.

¿El tema con los berrinches es solo controlarlos? O que a la larga el niño aprenda a tomar control sobre sus propias emociones y manifestarlas de otras maneras. Si en medio de un berrinche o de alguna otra situación, el niño se da cuenta de que lo que está haciendo está mal o es inapropiado y siente vergüenza, entonces esa vergüenza es saludable y podría lograr algo. Pero si no, es inútil.

Segundo, si tenemos un niño sensible, podemos dejar grabados sentimientos dolorosos en su corazón. A veces, la vergüenza que su comportamiento nos causa no nos deja ver ni actuar con claridad y hasta podríamos estar trasladándoles nuestra propia vergüenza. Es duro crecer con ese tipo de sentimientos a cuestas.

Es más, incluso en los niños que reaccionan con enojo o rebeldía, una actitud de ese tipo creo que también haría mella en su autoestima.

Todos los padres nos hemos visto acorralados en situaciones complicadas con nuestros hijos, sean de berrinches, peleas u otras. Todos hemos recurrido a herramientas salvavidas que nos ayuden a sobrellevar tal o cual circunstancia. Y todos hemos escogido mal alguna vez (el que esté libre de culpa que tire la primera piedra).

Pero si podemos reflexionar sobre esto, por el bien de nuestros hijos, en sí mismo, ya es un paso adelante.

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