A mi hijo no le gusta el fútbol

Y en esta sociedad, eso puede ser una tragedia y causa de segregación escolar.

No es que lo desprecie del todo, juega un poco, pero no le entusiasma como a sus amigos. Cada vez que se avecina un partido… “¡Yo tapo!” es su exclamación salvadora para evitar la sensación de ridículo al poner de manifiesto su poca habilidad en la delantera.

Dos veces lo he puesto en academia para que practique y pueda “moverse” en medio de la presión de los compañeros futboleros. La primera vez fue al entrar a la primaria. Al rato de empezar, ya estaba conversando con otro niño y cuando le tocaba su turno, no estaba muy seguro de qué hacer por tanta distracción. Y cuando les tocaba partido al final de la clase, se limitaba a correr detrás del grupo que iba tras la pelota o se quedaba parado esperando que vuelvan desde el otro lado de la cancha.

La segunda vez, lo decidimos luego de que la frase: “No me gusta que me escojan último en Educación Física”, hincara nuestro corazón. Esa vez le fue mejor, siempre de arquero.

Hoy conversábamos de eso camino al colegio por algo que pasó hace algunos días. Automáticamente su ceño se frunció y sus ojitos le brillaban. “Mamá… es que… NO ME GUSTA EL FÚTBOL!”, pero tampoco le gusta que sus amigos lo hagan a un lado, que lo escojan de último ni le digan tú no a la hora de los partidos, porque es inevitable que los recreos y tiempos libres para el grupo de varones sea sinónimo de fútbol. Y me doy cuenta que le afecta y le duele sentirse así. A quién no. Y como mamás creo que sentimos doble, porque además sentimos enojo porque alguien está lastimando los sentimientos de quienes amamos.

Le expliqué que todos somos diferentes, que tenemos gustos distintos, talentos, etc. y que no es justo que alguien haga sentir mal a otro porque no le guste lo mismo que a él. Seguí hablando pero su reacción no era la que yo esperaba. No lograba sacarlo de su negativismo y frustración, lo cual me dejó entrever cuánto le afectaba esta situación.

Medité por unos segundos, segundos de esos en que mil pensamientos pasan por tu cerebro. Recordé varias cosas entre ellas un artículo que leí de una blogger que me gusta bastante. En este, ella habla de enseñarle a los niños a construir una piel gruesa a la par de que mantengan un corazón tierno (puedes leer el artículo completo aquí). Lo cierto es que la vida es dura y siempre habrá situaciones que hieran sus sentimientos y les afecten. Y eso es algo que no podremos evitar, mas bien, hay que enseñarles a navegar a través de esas circunstancias.

Entonces cambié el enfoque.

“¿Te cuento algo que me paso?”, le dije. Inmediatamente atraje su atención. Dos episodios de mi vida donde me sentí como él se estaba sintiendo lograron cambiar la expresión de su rostro y enfocar la conversación. “Hijo, en la vida te vas a encontrar con situaciones como esta y es importante que aprendas a mantenerlas lejos de tu corazón. Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él brota la vida dice la Biblia. No dejes que esos momentos te dañen y te cambien. Dios te ha creado como eres, con tus gustos, talentos, habilidades, etc. porque tu vida tiene un propósito. Si no te gusta el fútbol está bien, no tiene que gustarte y nadie tiene que hacerte sentir mal por eso. Y cuando traten de hacerlo -porque lo van a hacer- déjalo fuera de tu corazón”.

Su mirada cambió, respiró profundo y entró al colegio.

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