Señales de un preadolescente en casa

Tengo que admitirlo, mi hijo está en transición. La adolescencia está arribando a mi hogar y no hay marcha atrás. Ustedes dirán –así como yo- que solo tiene 9 años, pero la verdad es que no hay una edad definida, que mucho tiene que ver la personalidad y el carácter del niño, y que todo, en realidad, se está volviendo más precoz.

¿Qué cómo me estoy dando cuenta? Para que se den una idea, aquí les dejo algunas señales de un preadolescente en casa.

1. No se quiere bañar. No sé qué les pasa con el agua pero es una discusión / negociación / renegadera lograr que se meta a la ducha y se bañe bien, porque si por él fuera, entra y sale en menos de 5 minutos.

¿Recuerdan haber pasado por eso? Yo sí, y maal… recuerdo que me metía al baño, abría la ducha, me lavaba el cabello en el caño y me mojaba los brazos para que mi abuelita creyera que me había bañado.

2. Todo le aburre. Ni siquiera ir al parque -algo a lo que antes siempre estaba dispuesto- le causa la más mínima emoción. Tengo que inyectarme altas dosis de entusiasmo para contagiarlo y que le provoque hacer algunas actividades por las que antes se emocionaba solo. Luego les encuentra el gusto, claro, pero la flojera de empezar nadie se la quita.


3. Radio Planeta 107.7. A mi hijo nunca antes le interesó lo que estaba de moda. Cuando esa frase ingresó a su vocabulario, siempre hice hincapié en que lo importante era lo que a uno le gustaba, lo que le quedaba bien, etc., porque en realidad, yo no soy muy dada a las modas.

Pero ahora, al menos en cuanto a música se refiere, Radio Planeta dicta la norma. Taylor Swift, Maroon 5, Calvin Harris, Ed Sheeran, Katy Perry, Ariana Grande y no sé que otros nombres han tomado por asalto el cerebro musical de mi (casi) preadolescente. Ahora, mi RPP y los CD´s de música para niños han sido desplazados de los trayectos familiares en auto. Incluso, se sienta en la sala a mirar videos musicales. ¡¡Devuélvanme a mi niño por favor!!

4. Esa ropa no me gusta. A mi hijo, en realidad, nunca le importó mucho qué se ponía. Para él, lo fundamental era la comodidad y que los polos no tuvieran etiquetas. Si por él era, iba a todos lados en buzo y crocs. Ahora escoge su ropa y cuando no le parece lo que yo le escogí o compré, su respuesta es: “esa ropa te gusta a ti, no a mí, no me la voy a poner”.

5. Y ni qué decir de peinarse. Antes no le daba la más mínima importancia. Ahora, no puede salir hacia el colegio sin pasarse el peine y como los dos remolinos que tiene nunca se acomodan, me exige que le ponga “moco de gorila” para que se fijen. Y cuando no funciona, como suele suceder cada mañana, sale renegando que no está bien peinado o que tiene pelos parados.


6. No quiero estar gordo. ¡Oh my God! Me jalo de los pelos. En toda su vida, hemos tratado de ser muy cuidadosos en lo que a juzgar la apariencia física se refiere. Siempre haciendo hincapié en estar saludables y que lo que más importa es cómo son las personas por dentro. Joaquín no es gordo, es grande y un poco pachonchito. A sus 9 años, tiene aproximadamente 1 metro 35, pesa 40 kilos, calza 39 y es talla 16 de ropa. Es ancho y de piernas fuertes. Como les dije, grande.

Pero se le ha metido en la cabeza y en la voluntad que quiere tener la panza plana como algunos de sus amigos. Jeje… esa vanidad es nueva para mí. Desde hace unas semanas, lo vieran haciendo planchas y abdominales, mostrándome su “punche” y cuántas de esas repeticiones puede hacer. Su aspiración es llegar a tener los brazos tan fuertes como los de su papá.

Dentro de todas estas actitudes, intereses y nuevos comportamientos, puedo ver que mi hijo todavía es un niño. Un niño que poco a poco está empezando a crecer. La etapa de la adolescencia no viene de la noche a la mañana, como casi todo en esta vida, es un proceso.

Lo veo y me pongo a pensar en cómo voy a sobrellevar estos cambios, cómo los manejará su papá. Cómo quiero ser, qué relación quiero que tengamos. Sé que vamos a pelear, pero no quiero que nuestros corazones se alejen, y sé que en gran medida dependerá de nosotros, porque somos los adultos.

Le pregunté a una buena amiga que ya pasó 2 adolescencias y ya inició una tercera: paciencia, adaptación, comunicación, buen humor, flexibilidad, límites y reglas claras fue mi conclusión. A ver cómo nos va.

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