El 2014 nos enseñó…

Cada vez que termina un año y empieza otro, me gusta reflexionar un poco en lo vivido y sopesar las metas cumplidas, los cambios, las nuevas metas, lo bueno, lo duro, lo diferente y lo difícil que me tocó.

Este 2014 ha terminado con una sensación de aprendizaje, de haber avanzado. No digo que haya sido fácil, porque no lo fue, pero sí he avanzado.

Hemos visto, como familia, la bondad de Dios bendiciéndonos y guiándonos. Hemos comprobado que su fidelidad nos sostiene, alienta y sorprende.

En este 2014, cumplimos 10 años de casados en los que hemos podido comprobar que el amor no es un sentimiento, es una decisión que involucra la acción de hacer el bien al ser que amas. También que, como esposos, no es fácil amarnos en toda circunstancia, deponer el orgullo y tratarnos con respeto y consideración siempre. Pero que vale todo lo que cuesta.

En cuanto a mis hijos, Joaquín ya tiene 9 años. Es un niño muy talentoso, desenvuelto y hábil, con una personalidad muy marcada que tenemos la responsabilidad de seguir moldeando, y esto nos conmina, como padres, a resolver nuestro propio mundo interior.

Y Ania… Ania nos ha sorprendido este año. Ya tiene 4 años y es una niña dulce, preocupada por los demás, sensible y amorosa. Ha sacado a relucir una personalidad alegre y pícara, con una facilidad para poner sus pensamientos y sentimientos en palabras que nos saca de cuadro.

Ser padres… es todo un reto, un buen reto, lleno de altos, bajos, velocidad y lentitud. Un viaje que puede sacar lo mejor de uno, y a veces también lo peor, por momentos.

¡Feliz 2015!

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