A veces no es rebeldía

Esta semana me di cuenta que los padres no podemos bajar la guardia. Pareciera que “estar atentos” es el apellido de la paternidad. Hay pequeños detalles en el día a día que nos gritan aquello por lo que nuestros hijos están pasando o sintiendo.

Hace unos días tuve un incidente con Joaquín a la hora de entrada del colegio que, a simple vista, parecía rebeldía pura. Me afectó, les soy sincera, porque nunca se me había enfrentado como lo hizo. Pensamientos como “¿Así va a ser su adolescencia?”, “¡Oh Dios mío! ¡Qué está pasando!” retumbaban en mi cabeza mientras lidiaba con la situación y trataba de resolverla.

Pero hubo algo. Fue una mirada. Una sola mirada que me decía que algo no encajaba con lo que parecía ser esa situación. Una mirada que escondía sufrimiento. Esa mirada me descuadró.

Resolví la situación temporalmente y me quedé pensando todo el día en eso hasta la hora de salida. Cuando llegué a recogerlos, se me acercó y me dijo: “perdón”. Asentí con mi cabeza y le dije que conversaríamos en casa, pero le pregunté: “¿Has estado pensando en lo que pasó?”. Asintió con su cabeza.

Esa actitud a la hora de salida, me mostró que no me estaba equivocando.

Ya en casa le pregunté qué estaba sintiendo cuando pasó lo de la mañana. En resumen: enojo y vergüenza. Esa mirada escondía una vergüenza que no sabía cómo manejar. Y, gracias a Dios, me di cuenta.

Conversamos al respecto. Le hice notar que estaba reaccionando mal en función a algo que él creía que iba a pasar pero que en realidad no pasó. Que antes de reaccionar debía preguntar. Él decidió quedarse callado y solo reaccionar, exponiéndose a las consecuencias, en lugar de decir lo que estaba pensando y resolver la situación. También le dije que si bien entendía el por qué de su reacción, igual tendría que asumir las consecuencias de sus actos. Asintió con resignación y humildad.

Como padres estamos llamados a mirar más allá y “leer” las distintas situaciones que viven nuestros hijos, interpretarlas y reaccionar adecuadamente. El kit del asunto está en leer e interpretar acertadamente para lograr identificar las razones verdaderas que nuestros hijos tienen para comportarse de una u otra manera.

Por eso es tan importante y fundamental acompañar y estar pendientes de nuestros hijos a lo largo de sus vidas hasta que maduren, si no, cómo reconoceremos una conducta diferente, cómo veremos las señales de que algo no anda bien. Es nuestra responsabilidad.

Debemos considerar la edad, el temperamento, las situaciones y las características de cada niño. También conocerlos, sus formas, gestos, miradas, lo que es “normal” en ellos.

La rebeldía muchas veces esconde cosas más profundas.

Vi esta película hace años. Es fuerte y triste ver
cómo nadie presta atención a las señales de esta niña
ni a sus dolorosas vivencias.

2 comments
  1. Hola Ruth, mi hijo tiene 9 años y sabe claramente la diferencia entre lo bueno y lo malo, sabe que debe obedecer y respetar, y cómo debe comportase. También sabe que debe tener control sobre sí mismo, pero esto aún es un aprendizaje para él.
    Tu pequeña tiene 3 años y está en una etapa donde quiere imponerse y obtener lo que quiere. Y en esta etapa, los padres debemos enseñarles a respetar los límites, obedecer, que no siempre obtienen lo que quieren y que el berrinche no soluciona nada. Para eso, debemos ser firmes y amorosos.
    Es verdad que antes de los 5 años es muy difícil para ellos poner en palabras lo que están pensando o sintiendo, por eso que es difícil diferenciar cuando un berrinche o mal comportamiento esconde otra cosa o cuando es simplemente la manifestación de su ego (porque sí, los niños también tienen ego). Ahí es cuando entran a tallar los detalles y nuestro instinto. Pero el solo hecho de que te preocupes en entender a tu hijita y hacer lo mejor para ella dice mucho de la mamá que eres.
    Cariños!

  2. Gracias por post 😍,mi hija tiene 3 años y hay situaciones en las je kreo es puro berrinche o terquedad pero tal vez no sea eso,debería de prestar atención a los micro detalles!!!!!

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