Celebrando los 9 a su manera

Hace unos días fue el cumpleaños #9 de Joaquín.

 El año pasado, celebramos sus 8 con una fiesta con show y todo (acá puedes ver el post), pero este año habíamos decidido -con él- que no haríamos nada más que una reunión familiar y le compraríamos algo que él quisiera.

Pero creo que en su corazoncito no quería dejar de festejar. Se me hizo muy evidente lo grande que está, no solo por su 37 de zapatillas y su talla 16 de ropa, sino porque él mismo organizó la reunión para celebrar a su manera. Coordinó con sus 3 mejores amigos, les dio la dirección de la casa, la hora en que debían venir y les dijo que avisen a sus papás.

Esa carita de pícaro <3

El día anterior recién nos avisó a nosotros de sus coordinaciones. Sí, ¡chanfle!. Llamó por teléfono a sus invitados y pidió hablar con sus papás para que hablen conmigo. El mismo día, por la mañana, me dijo que quería una torta tipo keke con manjar o fudge, es que no le gusta lo empalagoso, y le ofrecí un lonche, “con jamón, queso y leche chocolatada”, insistió.

Estando aquí, jugaron legos, fútbol y con unas cartas interactivas que puedes coleccionar y jugar con ellas en la tablet. Vieron a medias una película, tocaron música, jugaron en la cochera, subieron para soplar las velas (gracias D´Vale por la torta de naranja con manjar y grajeas, ufff!! deliciosa como siempre) y luego nos deleitaron con una sesión de chistes y colmos.

Vacilándose con sus patotas 🙂

En definitiva, la pasó super bien.

Cuando se acabó el día, no pude evitar pensar en que mi hijo ya tiene 9 y que el próximo año tendrá… 10!!! Una década! Pensaba en que sus preferencias y personalidad se marcan cada vez más y que, en varias cosas, ya toma sus propias decisiones. ¡Se nos viene la preadolescencia! Aunque estoy casi segura de que ya se está asomando por aquí de manera precoz.

Joaquín fue feliz celebrando su cumple a su manera, con sus amigos y una torta que le gusta. Días antes, le organizamos un almuerzo familiar con un Ají de Gallina y una torta de chocolate con crema y nueces. Pero su actitud y su cara hacían evidente que esa reunión no era de su agrado, y también el hecho de que solo probó una cucharada de la torta y la dejó en el plato diciendo que no le gustaba, “muy empalagosa”. Lo que sí disfrutó fue chivatear todo el día con sus primos.

Esa cara dice mucho… jeje.. 

Las lecciones que quedan son, primero, que no puedo pedirle a un niño que sea más o menos amable y diplomático cuando no está para nada contento. Segundo, que de ahora en adelante, en ciertas cosas, debo ser más flexible y dejarlo ser y hacer a su manera. Tengo que cambiar mis paradigmas. De mamá de niño a mamá de preadolescente. Me quedan unos pocos años…

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