Los niños y las palabras inadecuadas

Los niños son como esponjitas, absorben lo que está a su alrededor, sea bueno, malo o feo.

Les cuento lo que nos pasó.

Hace unos días, mi esposo le pidió a Ania que hiciera algo y como ella no quería, se molestó un poco con él. Eso es parte del día a día en cualquier familia. Nada inusual. Lo que nos sorprendió fue lo que ella le dijo: “¡Eres un torpe!”

Yo estaba en el cuarto y ellos en la sala. Me quedé atenta escuchando cómo proseguía el episodio mientras pensaba de dónde había sacado mi nena esa palabra. A veces ha usado palabras que le ha escuchado decir a su hermano, como tonto o cosas así. Pero torpe, Joaquín nunca la ha usado y nosotros menos.

Obviamente, su papá le llamó la atención y le dijo que esa palabra no se usa, etc. Ella lloró –efectos de la voz enojada de su papá- y le pidió perdón. Pero no pude evitar quedarme pensando (para variar).

En casa, cuidamos mucho de no comparar a nuestros hijos, tratamos de hablarles con palabras positivas, palabras que construyen, nunca les llamamos tonto, burro, inútil u otra palabra como esa –el daño es muy profundo-.

Cuando Joaquín trajo la palabra tonto, hicimos todo lo posible por erradicarla, no lo logramos por completo, pero la usa muy poco –al menos en casa-. Cuando escuchan palabras inadecuadas en algún programa o a alguna persona, les enseñamos acerca de su significado (en la medida de lo posible) y les explicamos por qué no deben usarla.

Incluso, hubo una época en que Joaquín decía groserías, entre los 6 y 7 años. Nosotros no usamos ese vocabulario, pero es inevitable que nuestros hijos lo aprendan, porque no viven en una burbuja y tienen oídos. Nos costó tiempo, paciencia y firmeza para sacar esas palabras de su boca.

Pero ella tiene 4 y la palabra “torpe” me sacó de cuadro.

Un par de días después, Ania y yo estábamos haciendo tareas y se salió de la línea al pintar. Le estaba diciendo que no había problema, que debía tratar de esforzarse, cuando de su boquita salió: “soy una torpe”.

Se me hizo un nudo en la garganta y me llené de rabia pensando a quién se le había ocurrido llamar así a mi pequeña. Porque por la manera cómo lo dijo, esa convicción, sentí que alguien se lo había dicho a ella. Intuición le llaman. Entonces le pregunté dónde había escuchado esa palabra. No me quiso decir.

Le insistí hasta que por fin me contó. La semana anterior, en una fiestita, una niñita que no conocía le dijo torpe a ella. Mi intuición estaba en lo correcto.

Me sentí triste porque si esa niñita, la única que Ania no conocía en esa fiesta, le dijo torpe, es probablemente, porque alguien se lo dijo a ella primero.

Me quedé en silencio pensando cómo explicarle a mi pequeña de 4, por qué no debe usar esa palabra para referirse a ella misma ni a otros. Entonces le dije:

– Ania, cómo te sentiste cuando esa niña te llamó con esa palabra.
– Triste. (Carita compungida)
– ¿Querías llorar?
– Si. Pero no lloré, me aguanté. (Cara de por si acaso, mami)
– ¿Te gustó sentirte así?
– No.
– ¿Te parece que es una palabra bonita o fea?
– Fea.
– Hijita, ¿entiendes por qué te decimos que no debes usar ni esa ni las otras palabras feas?
– Si.
– Hacen que las personas se sientan tristes. No las vuelvas a usar, ya?
– Ya
Beso y abrazo.

Esperemos que haya surtido efecto. Ya va casi una semana y no la he escuchado mencionarla. Aunque hoy tuve que explicarle por qué la palabra cretino que escuchó, tampoco la debe usar.

Nadie vive en una burbuja, ni nosotros ni nuestros hijos. Mientras son pequeñitos y los tenemos en casa, podemos cuidar mucho lo que comen, hacen, dicen y aprenden. Cuando empiezan el nido y, más aún, el colegio, es inevitable que aprendan y hagan cosas que nosotros no queremos.

Lo que mi esposo y yo hemos optado por hacer, es acompañarlos en su caminar por la vida, enseñándoles y explicándoles por qué sí y por qué no, ante tal o cual cosa. Persistiendo en la enseñanza, la corrección y el consejo hasta que… se pueda. Y, por supuesto, tratando de ser ejemplo para ellos. No somos perfectos, pero ahí estamos. 🙂

2 comments
  1. Muy interesante y conmovedor. De imaginar q a mi hijo le digan algo así y lo interiorice como para repetirlo se me hace un nudito en el pecho. El ya está repitiendo todo lo q escucha pero por sus dos años su mundo es más su casa y su familia, aun así siempre cuidamos lo q decimos y la forma en q lo hacemos. Es muy difícil, pero es parte de nuestra tarea. Lindo post.

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