Me quedé dormida en el dentista, y en el micro, y acostando a mi hijo, y…

Me quedé dormida en el dentista. ¡¡¡Siii!!! ¡¡¡Horror!!! No profundamente dormida, pero dormida al fin y al cabo. ¡Qué vergüenza! Por ratos, escuchaba a lo lejos un “Abre grande”, que me hacía volver a un estado de conciencia somnolienta, para luego escuchar de nuevo: “Abre grande”… y otro… “Abre grande”… jajaja… Así me la pasé la segunda mitad de mi visita al dentista.
Dudo que la doctora no se haya dado cuenta, pero muy delicada, ni lo mencionó.

Y es que un alto en nuestra ajetreada vida de padres, obviamente trae al sueño de la mano.



Cuando Joaquín era más chiquito, casi siempre mi esposo le leía (o inventaba) un cuento cada noche y, luego, lo acostaba. Era una manera de pasar más tiempo con él al llegar del trabajo. Al rato, a lo lejos, se escuchaba una vocecita: “Papá, sigue contando”, “Papá, cuenta con tu voz normal”, “Papá…  Papá… ¡Papá, ya pues! Sigue contando!!”. Lo inevitable ocurría.

Cuando nació Ania, y tuvo edad suficiente quedarse tranquila escuchando y ya no chupar los cuentos, podía escuchar el susurro (siempre delicada ella): “Mami, sigue contando”, “Mami, te estás durmiendo”, “Mami, no te duermas”.

El mes pasado, estaba leyéndoles antes de dormir y, de pronto, Joaquín –que sabe leer- me dijo: “Mami, eso no dice”. Abrí mis ojos y… estalle en ataque de risa. “Joaquín, me quedé dormida y te estaba contando mi sueño!!!”. Joaquín y yo nos carcajeamos tanto…  

Hace unos días, fui a la lectura dramatizada de una obra de teatro y, por más que peleaba con mis párpados, por ratos quedaba totalmente derrotada. ¡Ayyy qué cólera sentía!. Y qué sufrimiento. La obra la había escrito mi tío Juan y había quedado entre una de las ganadoras del Festival Sala de Parto. Los que me conocen saben que me encanta el teatro y que Juan es mi tío favorito. Hernán Romero era el actor principal. No saben! Lo máximo. Y mi sueño y yo, nos escapamos por momentos. Grrrrrr!!!!

Me he quedado dormida en el micro, viendo tele, en la compu, mirando al celular, dando de lactar (cuando lo hacía), conversando con alguien y hasta en el baño haciendo pis de madrugada… jajaja… pero solo un ratito.



A veces, me quedado dormida con los lentes puestos, mientras veíamos tele en la cama. Y cuando mi esposo me los ha querido sacar para que yo duerma sin apretujarme la cara, le he dicho cosas como: “No me quites, estoy viendo, solo estoy descansando los ojos” o “Percy, si me sacas los lentes, cómo voy a ver”.

Y mejor no empiezo a hablar de mi esposo y el sueño porque ellos sí que tienen una relación de largo alcance. Donde pone la cabeza, se duerme, con una facilidad espeluznante (y sí, lo reconozco, envidiable). Una vez se quedó dormido parado en el micro, sostenido por los cuerpos apretujados de los otros pasajeros.

Ahhh… el sueño… o la falta de sueño en la vida de padres es realmente caótica… ¿Te ha pasado?

2 comments
  1. Jajajaja, eso es lo que peor llevo desde que soy madre, cómo echo de menos ir descansada por la vida!!! Aunque últimamente la cosa ha mejorado, aquí te dejo el enlace donde lo cuento: http://lakrika.blogspot.ch/2014/09/el-sindrome-del-nido-vacio.html espero que te guste. Un saludo y encantada de haber conocido tu blog!

  2. Siii!!! Creo que no dormir bien es una de las cosas más bravas de todo esto… Leí tu post, me hiciste reír con lo de "los pañales no se los pienso quitar nunca de los jamases no vaya a ser que al final me quede sin bebé de verdad!"… jajajajaa… buena! Un gusto conocerte también. 🙂

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