Multitasking. Cerebros de cuadrícula VS Cerebros de plato de tallarín

Por Fiestas Patrias, fuimos a pasar el día en un club con un grupo de amigos con hijos en edades comunes. Para variar, recién hicimos los maletines temprano antes de partir. Es bien loca la capacidad que tenemos las mujeres en general para hacer varias cosas a la vez. Multitask le llaman.

 

Les cuento. Me levanté y preparé la ropa con la que mis hijos irían y la que llevaría cada uno en su mochila, mientras mi esposo se bañaba. Luego, alisté mi ropa y le pedí a mi esposo que, mientras yo me bañaba, él prepare la mochilita de snacks colocando la fruta, una botella grande con agua, las galletas, papel toalla y un cuchillo.

Le habré repetido 3 o 4 veces lo que debía ir en esa mochila. Él, mientras tanto, preparaba su mochila. Cuando salí de la ducha, ya todos estábamos listos pero no había mochila de snacks. Fui a buscar a Percy para preguntarle y aún no había terminado con sus cosas. Preparé los snacks y nos fuimos.

Me quedé pensando, por qué yo pude, en menos de 30 minutos, preparar las mochilas de mis hijos, alistar la ropa que llevarían puesta y mi ropa, y él, en un tiempo similar, no pudo terminar la suya. La noche anterior, recordé que hice una lista mental de lo que llevaría y en la mañana, mil pensamientos por segundo me mostraban las posibles situaciones que tendríamos en el lugar. En función a eso, preparé las mochilas. A eso, le sumamos el hecho de que yo sé donde está todo.

En varias oportunidades, he enfrentado situaciones semejantes. Cocinar, lavar trastes, poner a lavar la ropa y ordenar la cocina a la misma vez. Mi esposo, si plancha su camisa, si lava los trastes o juega con los chicos, eso hace y… nada más. Cuando está sentado en la compu trabajando y alguien le habla, él sigue absorto en lo que está haciendo, como si nadie le estuviera hablando.

A veces me desespera!!! Hace algunos años, me desesperaba más, porque cuando yo estoy trabajando en la compu, también le prestaba atención a la lavadora (para echarle suavizante), atendía a mis hijos y armaba mi agenda mental de lo que tenía que hacer después. Y renegaba reclamándole cómo yo podía hacerlo y él no.

Me resultaba muy difícil de entender.
Hasta que nació Joaquín. En realidad, hasta que creció Joaquín. A veces le he hablado a Joaqui y ha sido como si le entrara por una oreja y le saliera por la otra, o como si su cerebro estuviera desconectado de la función que cumplen sus oídos, como si el nervio auditivo estuviera en reposo. Ahhhhh!!! Qué cólera que da eso!!

“Joaquín, ve a ponerte a una chompa; Joaqui, trae tu cartuchera; Kin, ven a almorzar. Percy, ¿me ayudas a servir la cena?”. Nada. “Joaquín, te dije que te pusieras una chompa. ¿A mí? ¿Cuándo?”. Y si a eso le sumamos su inclinación quema sangre, puede llegar a ser muy irritante.

Una vez me dijeron que los hombres tienen el cerebro como una cuadrícula y las mujeres como un plato de tallarín. Y que eso se confirmaba al tratar de encontrar algo en su cartera. (Jijiji… si buscan algo en la mía, la teoría queda recontra confirmada).

A lo que voy es que los cerebros de los hombres, en general, funcionan distinto a los de nosotras y si nos molestamos por eso, pues andaremos renegando todo el día. Tampoco se trata de que se escuden en eso para no colaborar en casa, pero comprenderlos nos ayudará a nosotras a renegar menos y buscar otras formas más creativas para lograrlo. Al final, nosotras somos las multitask.

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