Crónica de una actuación infantil

Todo empezó cerca del medio día. La presentación era 4:30pm y había que estar 1 hora antes. Luego de 2 o 3 pasadas a su canción, se le salió su lado afanoso. “Mamá, por qué no nos estamos yendo, vamos a llegar tarde”. Creo que la emoción embargaba sus venas y estoy casi, casi segura que soñó con esa actuación.
Como nunca, obedeció rápido para ir a bañarse, cambiarse, cepillarse los dientes y todo lo demás. Al llegar al lugar, los sonidos estridentes de los violines, todavía sin armonía, nos indicaban que estábamos a tiempo.
Talentosos!
Había niños desde los 5 años. Tan tiernos ellos, con sus violincitos pequeñitos, las niñas con vestido de gala, los niños con pantalón, camisa y corbata, y algunos mocos asomándose (inclemencias de este clima menopáusico). “Oops –pensé- debí comprarle pantalón de vestir y no traerlo con jean negro”. Y es que mi hijito es igual de relajado que yo y no le importa mucho, pero cuando vio a los otros niños, me dijo: “me compras un pantalón así, ¿ya?”. Por supuesto, mi amor. En julio tienen la clausura del semestre.

La sala estaba llena. Llena de papás henchidos de alegría y orgullo al ver los avances de sus hijos. Llena de familiares curiosos, sorprendidos de que niños tan pequeños estén tocando un instrumento tan difícil. Llena de emociones, nervios, ansiedad y travesuras. Travesuras, sí, porque los niños son niños, haya actuación o no.

La pre orquesta. Aquí los preparan para llegar a la Orquesta Infantil 🙂

No faltaba el niño que correteaba con violín en mano y el papá o mamá que lo persiguiera tratando de detenerlo y proteger la integridad del instrumento, cuyo precio oscila alrededor de los S/. 250, el más pequeño.


Otros niños, más concienzudos y preocupados, ensayaban nerviosos la pieza individual que tocarían; o conversaban mientras esperaban en la fila para que les afinen el violín o la viola. Otros echaban pez al arco (pez es la resina que permite el sonido cuando el arco choca con las cuerdas).

Los hermanitos menores hacían de las suyas, rodando por el suelo, contorsionándose o jugando a las carreras, ante la mirada enojada de los padres, que se veían obligados a perderse la actuación con tal de salvaguardar la concentración de los niños que tenían el turno de tocar.

Emoción a mil!
Es dulce y conmovedor ver a niños de entre 5 y 10 años, amantes de la música, llenos de talento, vencer el temor a tocar con tanta audiencia, superar la ansiedad y los nervios. Algunos se equivocaban, sí, a algunos los nervios los traicionaban, sí, pero eso es lo de menos. Son niños y el solo hecho de pararse frente a un público y tocar, es plausible, llena de orgullo y de alegría.

Con su profesor, Carlos Breña.

Es emocionante ver a tus hijos crecer y desarrollar sus talentos. Cuando le preguntamos si estaba nervioso, nos respondió: “Es bien raro, ma, porque antes de salir, me sentía raro, un poco nervioso. Pero cuando salí, no sé, se me fue todo”. 

Aquí les dejo su presentación. Con ustedes, el gran Joaquín, de 8 años, tocando la canción que él mismo escogió: Gavotte.

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