La tecnología puede ser tu aliada cuando tu hijo se enferma

Qué difícil es lograr que los hijos cumplan las indicaciones del doctor cuando no se sienten enfermos.

La semana pasada nos fuimos al zoológico de Huachipa, aprovechando las vacaciones del cole, y cuando estábamos a punto de irnos, Joaquín se dobló el dedo pulgar del pie en uno de los juegos inflables.

Por lo mismo que es tosco para jugar, él suele ser un niño bastante resistente al golpe. Aguanta los jaloneos, las tumbaditas, los pellizcones y hasta puñetes (cuando juegan a las luchas). Si llora por algo es porque realmente le dolió. Ese día me dijo que se había doblado el dedo y cojeaba un poco, pero de ahí se metió a las camas saltarinas sin problemas.

No estaba segura qué tan serio era el asunto hasta que llegamos a casa y lo revisé con tranquilidad. Su pie estaba hinchado y verde (la zona del dedo gordo). Inmediatamente: hielo. Lo llevamos a la emergencia, previa bañada porque ningún médico o enfermera iba a resistir el olor de ese pie después de 3 horas de caminata y 1 hora de juegos. Diagnóstico: Esguince (qué lugar más raro para hacerse un esguince). Venda fija y reposo con pie en alto.

He ahí la complicación. Reposo. ¿Reposo? Chispas… y ahora cómo le hago, pensé.

El primer día, el dolor lo mantenía tranquilo. Pero a partir del segundo, la cosa se complicó, porque ya podía asentar el pie sin quejarse. “Joaquín! No estés caminando!, Joaquín! No corras!!” se podía escuchar el sábado durante todo el día. Algo teníamos que hacer.

Mi esposo y yo solemos restringir los juegos en la compu y tablet. Después de hacer tareas, labores, jugar, leer un libro o practicar su música durante una cantidad de tiempo, recién tiene permiso para usarla durante un rato (algunos días un rato más largo). Pero ahora, ni modo. El pobre está en cama y los juegos que le gustan involucran corretear por toda la casa, trepar, saltar y moverse como una lombriz; así que le hemos permitido utilizarla por más tiempo, lo bueno es que le gusta más ver videos que jugar.

El fin de semana ha sido más fácil entretenerlo, jugó Monopoly con su papá, nos sentamos a conversar los 4, le leí un libro, jugamos con plastilina y moldes, entre otras cosas. Pero debo confesar que en este caso, la tablet se ha vuelto nuestra aliada para mantener ese pie lo más quieto posible. Lo difícil va a ser quitarle la costumbre.

Solo me pregunto qué hacían antes las mamás para mantenernos quietos en casos así, sin la “ayuda” que tenemos ahora.

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