Mi hijo… pierde todo!

Algo que me volvía loca cuando Joaquín empezó la primaria era la manera incontrolable de perder sus útiles escolares. Su cartuchera nunca estaba completa, nunca! Siempre faltaban colores, la goma, el borrador, la regla, la tijera… algo. Y lo que más me hacía enojar era que cuando le preguntaba, su impávida respuesta era: “No sé, se perdió”. Grrrr…. ¿se perdió? ¿Acaso le salieron patas y se fue corriendo de tu cartuchera? Durante el primer grado debo haber comprado unos… 40 lápices!!

Pero no solo perdía la cartuchera, también la casaca de buzo, la chompa del uniforme, el tomatodo, los tappers de la lonchera, cubiertos y hasta la misma lonchera! Todos los días faltaba algo. Y también encontraba “intrusos” entre sus cosas: colores con otro nombre o sin nombre, la goma del compañero o el tarjador de la compañera. Su respuesta era “me prestó porque yo no tenía”, “pero Joaquín -le decía yo- lo usas y luego lo devuelves. Mañana mismo se lo entregas.”

Mi consuelo era que mi hijo no era el único que perdía cosas. Parece que esa era una característica más o menos generalizada entre los niños y niñas que entran a la primaria -aunque dicen que más los niños que las niñas-. Conversaba con la mamá de una compañerita de Joaquín, y me comentaba que el año pasado –en segundo grado- a su niña se le perdió una regla y, a fin de año, una niña del salón se le acercó a devolvérsela. Resultó que casi todo el año, la pequeña había estado usándola.

Debería ser regla tácita y general entre los padres de familia revisar las cartucheras y mochilas cada día y, si encontramos algo que no es de nuestro hijos, insistir en que lo devuelvan o lo dejen en la caja de objetos perdidos que hay en cada salón (si en el salón de tus hijos no hay, sugiérelo al tutor, sirve de mucho). Ellos siempre se prestan y yo creo que no está mal que compartan, -sé que algunas mamás piensan lo contrario-, pero deben aprender a devolver lo que se prestaron y a pedir que les devuelvan cuando son ellos los que prestan.

Es chocante para los padres –sobre todo para los que se estrenan en primaria- que anden perdiendo todo, más aún porque en inicial no ocurría eso, pues las profesoras lo supervisan y controlan todo. Pero cuando empiezan en el primer grado, cambia la cosa. De pronto, los niños tienen que ser más independientes, ocuparse de sus cosas y atenderse prácticamente solos. El golpe es para ambos, padres e hijos, la adaptación demora y el estrés o ansiedad aumentan.

El hijo de una amiga, que ya está en secundaria, una vez perdió la casaca del buzo y –como loco- insistió tanto a la jefe de normas, que ella lo llevó al “tenebroso cuarto oscuro de los objetos perdidos del colegio”. Allí, yacen arrumadas las casacas, chompas, poleras, loncheras y demás cosas que nadie reclama. Dice la leyenda que hasta mochilas, libros y billeteras encuentras.

He probado numerosas estrategias a ver si lograba que no pierda sus cosas, como decirle “piña, tú verás qué haces, escribirás con tu dedo, porque no te voy a comprar…”, designar útiles para prestar –un borrador, un tajador y una reglita, que vinieron de regalo-, o comprarle útiles más bonitos o de sus personajes preferidos y dejarle en claro que si los perdía solo obtendría el tajador de plástico que vino de regalo con los colores, la goma de 1 sol en vez de la UHU en barra, y que reciclaríamos las botellas descartables de agua en vez de su tomatodo.

Estamos empezando la segunda semana de clases en el 3er grado y en su cartuchera solo falta 1 borrador y 1 color. Veremos cómo nos va el resto del año.

ACTUALIZACION #1 / 26 de marzo
Hoy perdió el tomatodo y la goma; y cuando lo recogí, lo mandé de vuelta al salón a traer la lonchera :(.

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