Mami también tiene miedos

Hay algunos temores que siempre me han acompañado (o torturado) en mi vida. Que sorpresivamente un ladrón haya irrumpido en mi casa y justo me encuentre cara a cara con él al ir a la cocina por un vaso con agua. Que cuando alguien me pregunte algo en la calle, me asalte (mucho Criminal Minds, creo).

Caerme o que alguno de mis hijos se caiga por las escaleras, que los atropelle un carro, que se pierdan o los roben. Atragantarme con una pastilla o con un pedazo de comida. Que me olvide de activar la alarma del carro y cuando vuelva de comprar se hayan llevado todo lo que tenía dentro o el carro mismo.

Antes, cosas como estas me angustiaban. Era una cosa bien rara, porque de recién casada, me alteraba sobremanera cuando mi esposo tardaba mucho en llegar y hasta me ponía a llorar pensando que algo malo había pasado (bien loca no?). Una vez, viajando a Cusco (mi primer viaje en avión), la turbulencia me llenó de ansiedad y podía jurar que los picos de las montañas de la Cordillera de los Andes estaban a punto de chocar con el avión, que cada vez estaban más cerca y que nos íbamos a estrellar.

Cuando recuerdo estas cosas, me da risa, pero creo que era una paranoica. Tengo flashbacks de la infancia subiendo a tender la ropa al techo de la casa de mi abuela en Miraflores, pensando (bien agarrada de la baranda) que me iba a caer de esa escalera de metal justo sobre los fierros que sobresalían en la parte de abajo. O que al asomarme por la ventana, me iba a resbalar y caer hasta el primer piso.

Recuerdo que durante un buen tiempo dormía tapándome hasta arriba de la cabeza porque -según yo- si un ladrón entraba, no me vería. Una vez escuché ruidos en mi cuarto y, debajo de mi colcha, estaba en plena alucinación: se había metido un ratero y estaba rebuscando en mi cuarto. Permanecí inmóvil durante no sé cuánto tiempo porque -según yo otra vez- si me movía, el malhechor iba a saber que estaba allí. Resultó ser mi mamá que estaba acomodando la ropa en el clóset.
Hoy me acordé de todas estas cosas porque mi esposo se llevó a los chicos para que yo pudiera terminar un trabajo y cuando fui a la cocina a servirme algo, mi mente otra vez se disparó: “No has cerrado la puerta con tranca, alguien se puede meter” y cosas como esas. Pero ya no es igual, ya no me lleno de ansiedad y temor, “el amor echa fuera todo temor” dice la Biblia, y esas palabras para mí tienen un profundo significado. Y aunque esos pensamientos siempre llegan, cual flechitas pesimistas que tratan de infundirme un innecesario miedo, mi mente ya no es la frágil mente de antes. 
Y tú ¿a qué le tienes miedo?
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