Buenos dias no, no, no

Desde hace unas 2 semanas, Ania ha entrado en la fiebre del “No”. En 2 semanas ha pasado de ser una pequeña dócil, obediente y servicial, a una máquina de negativas.

“Ania, me pasas por favor el papel que se ma cayó? ” No. “Ponte los zapatos” No. “Vamos a bañarte” No. “Me ayudas?” No.

Que es una etapa, eso dicen. Joaquín nunca la tuvo taaan marcada. Pero un amigo me contó que la “fase no” de su hija fue tan fuerte, que una vez estaba en una zapatería con ella y le dijo al vendedor que le compraría todos los zapatos que su hija escogiera. El vendedor sacó todos los zapatitos que pudo encontrar en su talla, pero adivinen la respuesta a cada ¿te gusta?. Mi bromista amigo no compró ningún par y salió riéndose de la tienda.

A veces puede resultar chocante las constantes negativas a todo. Porque, incluso, tienen el descaro de decirte en tu cara pelada “No!”, tosca y tajantemente, cuando le das indicaciones. “Ania, no dejes tus zapatillas en el medio de la sala, llévalas a tu cuarto y guárdalas en el closet”. Mirada fija y directa a los ojos, y 3 segundos después: No!.

Cuesta no enojarse y llamarle la atención. Sobre todo, porque sabes que te entiende perfectamente y te mira con esos ojitos desafiantes, como preguntándote ¿Qué vas a hacer?.

Aún estoy un poco desconcertada, pero lo que estoy tratando de hacer es acercarme a ella, mirarla fijamente a los ojos (como para que no dude de mi autoridad) y decirle: Ania, no está bien -citando el caso anterior- que dejes tus zapatillas aquí,  la sala se ve desordenada y alguien podría tropezarse, llévalas a tu cuarto y ponlas en su sitio”.

¿Funciona? A veces sí y a veces no. Jeje… no existe fórmula solucionadora de problemas. Cada niño es diferente. Como les dije, Ania tiene un temperamento más dócil. Cosas como esa funcionan con ella, mayormente. Joaquín se hubiera sentado con el poto calato en mi speech…. jijijii…

Con él tenía que ser más firme y tajante, también porque él no lo hacía como parte de una etapa, su temperamento siempre fue así desde el año y 2 meses. Él es así, incluso hasta ahora; y aunque le cuesta, ya aprendió que su comportamiento tiene consecuencias y que debe obedecer. Ha progresado notoriamente y, poco a poco, está tomando el control de su naturaleza tendiente a la rebeldía.

Ania es una personita muy diferente a su hermano en tantos aspectos, es tan zalamera y coqueta, que hasta sus negativas, berrinches y desobediencias resultan encantadoras. Es difícil resistirse a sus besitos, abracitos y “mami, pero yo te amo”, que buscan salirse con la suya. Pero -menos mal- Joaquín fue y es una buena escuela.

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