amor de papá

Papá, mi héroe

Es bien chistoso ver a Joaquín imitando a su papá cuando estamos sentados a la mesa para cualquiera de las comidas del día. Si es el desayuno, la misma taza, el mismo tipo de pan, cortar el pan a la misma vez y ponerle el mismo contenido, dar las mordidas y los sorbos a la misma vez.

Es gracioso, también, cómo se desespera cuando se da cuenta que los bocados de su papá son más grandes y cómo se enoja cuando su papá no está tomando en cuenta el hacer las cosas a la misma vez que él. Saber que a su papá le gusta cierta comida o actividad, resulta a veces suficiente motivación para que a él también le guste (o al menos que lo intente). Y si papá usa corbata, ya lo podemos ver haciéndose el nudo.

Me encanta ese amor profundo, esa admiración. Y que no tenga vergüenza ni reparos en admitir que quiere ser como su papá, que él es como su papá. “Mami, mi papá es hábil en matemáticas y yo también” o “A él le gusta la música igual que a mí”, son frases que repite con frecuencia.

 

Hasta hace más o menos dos años, todo era mamá. “Mi mamá conmigo”, “Tú no, quiero mi mamá”, le decía a su papá. Ahora es papá para todo.

No niego que a veces me hace sentir un poquito triste el haber pasado a segundo plano, pero en realidad la alegría es mayor cuando pienso que mi hombrecito de casi 8 ha tomado de modelo a un gran hombre. Amoroso, inteligente, juguetón, creativo, paciente, noble, honesto, bromista, trabajador. Por supuesto que quiero que mi Joaquín sea como él. ¡Qué mejor modelo!

Pero a la vez qué gran responsabilidad.

Hace poco conversaba con una amiga que trabaja con niños, acerca de una capacitación a la que fue. En la charla dejaron bien claro algo con respecto a los papás y sus hijos: Tu hijo va a ser lo que tú eres.

Mi hijo va a ser lo que mi esposo es. Mi hija va a ser lo que yo soy.

Para mí, al menos, eso es un desafío.

Creo que los hijos parten de lo que somos nosotros y, de acuerdo a la formación que les demos, seguirán su camino.

Mano de papá y bebé

Hoy mi pequeña me dijo mientras cogía mi mano: “Mami, mis manos son como las tuyas, calientitas”.

Hijita, mi anhelo es que no solo nuestras manos, cara o gestos se parezcan, si no ser una persona que puedas imitar y que, cuando crezcas un poco más –así como tu hermano- también digas: “mami quiero ser como tú”.

 mamá e hija

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