Mi hijo y la música

Desde que Joaquín nació, su interés por la música era notoriamente por encima de lo normal. Antes de cumplir el año, cuando un par de “palitos” llegaban a sus regordetas manos –sean lápices, crayones, plumones, cucharas, tenedores, peines, etc.- gateaba por la casa golpeándolos contra todo lo que encontraba: muebles, sillas, refri, ollas, inodoro, pared, tele, mesa de centro (rompió el vidrio de un solo golpe – gran susto!). Me di cuenta que su carita cambiaba cuando encontraba un sonido diferente.

En ese tiempo, mi esposo y yo participábamos en un coro, y siempre íbamos a los ensayos con él. Si  apostábamos su cochecito frente al baterista, se podía quedar perfectamente tranquilo observándolo. Y lo primero que hacía al bajarlo de ahí, era gatear hasta la batería y golpearla con las manos.
Antes de aprender a caminar ya cogía las baquetas y golpeaba la tarola con un ritmo uniforme: tac – tac, tac – tac, tac – tac. Nunca golpeó por golpear.

En su primer cumpleaños, la abuelita chocha (léase mi mamá) le regaló una batería de juguete. La emoción en su rostro fue indescriptible. Claro, el juguetito duró solo unas horas porque al cabo de una extensa sesión, el platillo salió volando. A partir de ahí, Joaquín empezó a armar baterías con lo que encontraba. Sus juguetes ya no sirvieron más para lo que fueron hechos. Todos se convertían en platillos, tambores, tarolas o bombos.


A los 3 años, por Navidad le regalamos una batería para niños marca Moon. Es una batería de verdad pero pequeña. Sus ojitos brillaron de felicidad y no paró de tocar por largo rato. Todos los días tocaba su batería. La vecina del departamento de abajo golpeaba con la escoba su techo para que lo hiciéramos callar. Así que le pusimos un horario: entre las 9am y las 6pm, para no molestar.

(Les paso un link de Joaquín, de 3 añitos, acompañando a su papá que tocaba guitarra y cantaba: http://www.youtube.com/watch?v=7yb5zkcta-8)

Luego de la batería fue el teclado. La siguiente Navidad, le dimos un teclado que tenía unas cuantas canciones incorporadas pero él también podía tocar. No tardó en sacar algunas de esas canciones como Cumpleaños o Estrellita dónde estás y tocarlas por sí mismo. Algunas otras, como Old McDonald  o Cuando los santos marchan ya, las aprendió con ayuda de su papá. Pero tenía 4 años, así que me resultaba sorprendente la facilidad con la que aprendía y memorizaba las canciones.

Entre los 5 y 6 años tuvo una pausa. No quería tocar la batería y el teclado se había roto. Con su lápiz y colores seguía simulando baquetas y golpeando la mesa (sobre todo al momento de hacer tareas), pero se rehusaba a tocar la batería.

Ya en primer grado, empezó –de cuando en cuando- a tocar otra vez. La armaba y luego la desarmaba. Hasta que en segundo grado, llegó la flauta y Orquestando.

Orquestando es un programa del Ministerio de Educación para formar musicalmente a los niños. Vi la convocatoria y no dudé en inscribirlo. Le gustó tanto que, en cuestión de 1 mes, dominó la flauta dulce. No solo con las canciones que le enseñaban en el programa sino las que yo le enseñaba (no podía creer que todavía recordaba lo que me enseñaron en la primaria). No tardó en sacar canciones por su cuenta: Cumpleaños y Estrellita dónde estás, al principio. Luego canciones que cantaba. Su habilidad musical fue tomando forma. En 2 meses lo seleccionaron para la pre orquesta del grupo y ahora está aprendiendo violín. El método Suzuki, que usa el profesor, trabaja mucho el oído, así que escuchando las canciones del libro 1 en la casa, las empezó a tocar. Luego, en los ensayos, las perfeccionaba.

Muchos de los niños del programa ya leen partitura, mi Joaquín todavía no, pero como tiene buen oído, sigue las canciones y lo hace bien.

Para Joaquín, la música se ha convertido en su elemento. Si no está tocando algún instrumento, está silbando una canción. En el auto, siempre nos pide que cambiemos RPP por música y si escucha algo que le guste, no tarda en hacerte saber qué sonido es su preferido. Me dice que quiere aprender a tocar todos los instrumentos que existen, yo lo animo porque está chico y tiene buen oído; ya sabe flauta dulce, batería, un poco de teclado y está aprendiendo violín.


¿Y saben qué? La música está transformando a mi pequeño hijo. La miss me cuenta cómo está mejorando en su comportamiento y disciplina, aún le falta en lo que a responsabilidad se refiere, pero está más colaborador y servicial. Cuando es cumpleaños de algún compañerito del salón, la miss le pide a Joaquín que le toque alguna canción en su flauta. Eso le ha traído reconocimiento entre sus compañeros lo cual está influyendo positivamente en él. En casa también ha mejorado su actitud para hacer tareas y en general está mucho más sociable.


Cuando recién estaba empezando con el violín, se animó –de iniciativa propia- a tocar en una reunión familiar, frente a un grupo de la familia que él recién conocía. La sorpresa y emoción llenaron de lágrimas mis ojos porque Joaquín siempre había sido un tanto adusto con la gente y chuncho para las actuaciones.

Creo que a cierta edad, cuando los niños encuentran algo que les gusta, que satisface su alma y alimenta su espíritu, sus energías y pasión se redirigen, se enfocan. En mi hijo es y siempre fue la música. Pero para otros puede ser el deporte (natación, básquet, vóley, no solo futbol por favor!), el ballet u otros bailes, las manualidades, teatro, pintura, leer cuentos, tener contacto con la naturaleza, la playa, el parque, etc. Tantas opciones!

Creo que al prestarles atención a nuestros hijos nos daremos cuenta de sus preferencias y gustos, y si los motivamos a desarrollarlos desde pequeños, su potencial se elevará a mil. Ojo: motivarlos, no presionarlos u obligarlos. Ojo número 2: Sus preferencias, no las nuestras. El asunto es que ellos disfruten con lo que hacen. Ojo número 3: no dejar de brindarle variedad de experiencias, porque en la variedad está la riqueza. Y si el niño o niña no muestra alguna preferencia aún, pues seguir atentos y darles la oportunidad de experimentar.
Mi esposo también tiene mucho talento musical; él canta, toca la guitarra y compone, de manera autodidacta. Él me decía que si alguien lo hubiera motivado a desarrollarse más profundamente en esa área, tal vez su potencial hubiera sido mucho mayor. Yo pienso lo mismo de mí y el vóley o el teatro. Pero quiero algo diferente para mis hijos. Quiero hacer lo posible para que ellos se desarrollen en lo que prefieran, con amor, compromiso, paciencia y motivación.

*Este post salió publicado el 12 de noviembre de 2013 en Padres de Hoy

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