Hoy por ti mañana por mí

Debo decir que cuando mi hijo mayor resiente la falta de tiempo de alguno de sus padres, su comportamiento cambia. Más respondón, desobediente, inquieto, fastidioso con su hermana y con una actitud una tanto negativa para hacer las cosas. Algunas veces, sintonizamos con él y nos damos cuenta a tiempo. Otras veces no. El viernes pasado caímos en cuenta que estas últimas semanas, el comportamiento de Joaquín había estado motivado por su deseo de llamar nuestra atención, la de su papá sobre todo.

Ese día (feriado) en la mañana, Joaquín estaba medio jugando con su hermana, hasta que ella no quiso hacer lo que él le pedía. Ese fue motivo suficiente para quitarle el juguete de gatita que tenía y ponerlo en un lugar alto donde ella no alcanzaba. Por supuesto que los gritos y el llanto nos alertaron del problema. Percy llamó a Joaquín y mientras le decía que le devuelva a Ania su juguete, él se dio media vuelta y empezó a caminar alejándose.

Ahhhh!!! Los ánimos se comenzaron a caldear en nuestro ambiente hogareño. Percy lo llamó con su voz impostada de ultratumba que solo usa cuando está molesto. Hasta yo salté con el grito seco que lanzó y Joaquín de inmediato regresó. Obviamente le llamó la atención y, a causa de su actitud rebelde, lo mandó castigado a su cuarto, pero antes le dijo que le devolviera a Ania su juguete.

De pronto, la escuché lloriquear: “Mi gatita!!!”. Le pedí a Joaquín que se la entregue. Según él, ya lo había hecho y ella, que sabe defenderse muy bien a sus tres años y medio, exclamó: “No!! La ha tirado!”. Miré a Joaquín ahora sí molesta, y lo mandé a recoger el juguete y entregárselo en la mano. A regañadientes obedeció y se metió en su cuarto.

Me quedé pensando en cómo había sido la semana de Joaquín y también en el hecho de que no eran ni las 8 de la mañana ¿Así queríamos empezar nuestro día? La conversación siguiente fue más o menos así:

Mamá: Qué pasó hijo?
Joaquín: (ojos llorosos) Papá siempre me grita
Mamá: Y por qué te gritó esta vez?
Joaquín: No sé, yo estaba yendo a hacer lo que me había dicho.
Mamá: Y él ya había terminado de hablar?
Joaquín: …no
Mamá: Entonces ya sabes por qué se molestó. Si tú te vas cuando él todavía no ha terminado de hablar, le estás faltando el respeto. Y si me lo hicieras a mí, también me enojaría.
Joaquín: (llorando)…es que él siempre me grita… y nunca juega conmigo…
Mamá: (nota mental: Los niños y los absolutos: Todo, Nada, Siempre, Nunca. No hay grises) No hijito, no te grita siempre pero últimamente estás siendo desobediente y estás tratando muy mal a tu hermana, por eso te llama la atención. Y no es que nunca juegue contigo, en las mañanas te alista para ir al colegio y siempre escucho que se ríen; y en las noches también se echa contigo para acostarte y al final soy yo la que se levanta como a las 2 de la mañana a despertarlo porque sus ronquidos remecen el edificio… (risas de Joaquín…)

Luego de hacerlo reflexionar un poco más, sentí un cambio en su actitud así que le dije: “Tienes que acercarte a tu papá y arreglar con él”. No fue de inmediato, pero al rato, se le acercó por atrás y empezó a juguetear con él hasta que se le echó encima, se abrazaron y hablaron.

Hablaron de distintas cosas durante ese día y el día siguiente también. Pasamos tiempo juntos como familia, pero ellos dos también pasaron tiempo juntos, solos.

A veces, es mi esposo el que habla con Joaquín cuando soy yo la del incidente, a veces le hablamos juntos, y otras veces cada uno se las arregla. A veces somos nosotros los que nos equivocamos, exageramos o malinterpretamos las cosas, y también conversamos de eso, pero en privado.

El asunto es que tratamos de ayudarnos y trabajar en equipo, y como diría Benedetti, “juntos, codo a codo, somos mucho más que dos”.

“Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo.” (El Rey Salomón)

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