Somos una manada

Cómo le explicas a un niño que a veces las cosas no resultan como espera, que a veces los planes tienen que cambiar y que existen los imprevistos. Cómo se lo explicas cuando sus emociones están muy comprometidas. Hay niños comprensivos, reflexivos, pacientes por naturaleza; hay niños temperamentales, decididos, renegones, también por naturaleza.

En todos los casos, creo que los padres tenemos que adaptar nuestras formas de tal manera que ellos entiendan la situación, comprendan sus emociones y enfrenten las circunstancias lo mejor posible. Es una tarea agotadora y totalmente opuesta a lo que egoísmo significa.

Hoy nos tocó una de esas experiencias.

Hoy es feriado y habíamos planificado todo para irnos de paseo. Teníamos entradas para un club y habíamos confirmado nuestra asistencia con 1 semana de anticipación. Todo lo necesario estaba comprado. En mi cabeza ya tenía organizado lo que llevaríamos en los maletines: repelente, polos, shorts, jeans, casacas, chalecos, medias, zapatillas, ropa interior, ropas de baño, sandalias, bloqueador, toallas, jabón, shampoo, peine, pelota, muñecas, botellas de agua, manzanas, mandarinas, galletas y leche en cajita. Todo lo necesario para 2 adultos y 2 niños.

Ayer por la mañana Ania amaneció con dolor de cabeza y dolor de barriga. Después de su leche matutina empezó el giro inesperado de nuestra bien planificada historia: “Mami, quiero gomitar”. Lo intentó en 4 oportunidades y nada. Fiebre de 37.5. Panadol al ataque y manzanilla tibia. “Mami, me duele mi panza”. Gaseovet. A los 10 minutos: “Mami me mojé. Se derramó tu agüita? No mami, me tiré un pedito y me mojé”. Mente a mil por hora. “No te preocupes hijita”, mientras traía toalla, calzón y pantaloncito, “yo te limpio”. “Mami, tengo otro pedito”. “Mejor en el inodoro hijita, por si acaso.” Mami precavida vale por dos.

Aún conservaba la esperanza que todo se resuelva para la tarde. Joaquín esperaba el paseo con ansias y emoción. Le encanta la naturaleza y hacer cosas diferentes.

A la 1 de la tarde llegué de comprar con Joaquín y al saludarla, siento en mi mejilla la temperatura del desenlace no deseado. Termómetro en axila: 37.8. Ni modo. Al doctor: paracetamol y suero oral. Chao fiebre. Diagnóstico: no bacteria, no virus, todo indica indigestión. El sol volvió a brillar para nuestros planes. Yeee… solo es indigestión! Dieta blanda y nada más. Nos vamos de paseo, en un auto feo…

Pusimos la alarma 5:30am para salir temprano. Martes 8 de octubre, feriado, 5:30am = 38 de fiebre. Oh no! Ahora sí. No hay salida. Cambio de planes en definitiva. Panadol, gaseovet y a dormir de nuevo.

7:40 am. Mami! Papi! Me levanté temprano! Vámonos al paseo!! “Hijito, ya no vamos a ir, tu hermanita está con fiebre”. Llanto, frustración, enojo. Noooo!!! Grrrrrr!!!! Por tu culpa Ania!!!

Papá al rescate. Ilustración perfecta.

Percy se fue al cuarto de Joaquín y en pocas palabras le explicó que somos como una manada. Una manada nunca deja atrás a sus integrantes. Y si él hubiera sido el enfermo, de igual manera hubiéramos tenido que explicarle a Ania que no íbamos a ir al paseo. Los miembros de la manada no son egoístas, comparten el alimento y las cosas, son pacientes y se ayudan cuando se equivocan, fallan o se enferman. “Hijo, Dios es amor y Él nos da de su amor para amarnos los unos a los otros”.

El discurso no fue mágico. Se quedó triste porque ya no íbamos a ir, pero ya no estaba furioso con su hermana ni con la situación. Solo triste.

Martes 8 de octubre, feriado. Son las 10:30 de la mañana y la tristeza ya pasó. Hoy, la manada se queda en casa.

En Canta, feliz con los paisajes 🙂

Foto tomada por el gran Joaquín. La laguna de los 7 colores, al pie de la Cordillera de la Viuda, más de 4 mil msnm.

Jugando antes de que la altura hiciera sus estragos.
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