Adultez versus Infantilidad

Ahora que Ania está más grande, tiene 3 años y 3 meses, me endulza y enternece verla crecer y cómo las características de su personalidad salen a relucir. Una de las que me gusta mucho es cómo interactúa cuando ve alguno de sus programas favoritos como Dora la Exploradora y La casa de Mickey Mouse. Joaquín veía, recuerdo, Go Diego Go y también Mickey, pero cuando el personaje invitaba a los niños para que repitan o lo ayuden, él no decía nada, por más que lo animaba a responder y a veces yo lo hacía sola, él nada, mudo.

Por eso me llamó la atención que Ania lo hiciera. Y no solo lo hace, se emociona, grita a voz en cuello, te comenta al respecto. Cuando me siento con ella, la acompaño en su inocencia, gritamos las respuestas juntas y nos emocionamos al saber que era la respuesta correcta. Ella me abraza y nos reímos.

Hace poco, Joaquín me preguntó por qué Ania les respondía, y yo le dije que a ella le gustaba participar. También le recordé que cuando él era pequeño, no le gustaba responderle a Diego ni a Mickey. Me sorprendió lo que me dijo: Es que ellos no te escuchan, es la tele. Le dije que no se trataba de eso, sino de participar, y lo animé a hacerlo. Ese día, se sentó junto a su hermana y se puso a responder cada pregunta de Mickey Mouse con ella. Solo ese día, en ese programa.

A veces, los padres “apagamos” a nuestros hijos cuando tienen expresiones efusivas que brotan de su apreciación inocente del mundo y su capacidad de sorprenderse con cosas sencillas. A veces les decimos “Y?”, “Ahhh”, o simplemente reaccionamos con indiferencia o severidad.

Frente al nido de Ania, hay un parque con un sector de juegos para niños con arena. Los niños se divierten en los columpios, tobogán y, sobre todo, jugando con la arena. Los más pequeños son los que más disfrutan sintiéndola entre sus deditos, creyendo que construyen inmensos castillos hasta que, una mamá enfurecida, lo saca de ahí y le increpa: ¡Te dije que con arena no! ¡Te ensucias! ¡Si no obedeces, nos vamos!

Cuando me refiero a los más pequeños, me refiero a los niños de 3 años para abajo. Por lo general los de 3 para arriba juegan a otras cosas. Pero los niños de año y medio, 2 y 3 años, también disfrutan con la arena. Una vez le dije a una señora que le dio un palmazo y un grito a un pequeño que con las justas tenía 1 añito: “si no quieres que se ensucie con arena, para qué lo traes aquí, llévalo a otro lugar donde él pueda jugar con libertad; él es muy pequeño como para entender que solo puede jugar en los juegos y no con la arena.”

Es ilógico, para qué llevarlo a un lugar donde va a hacer algo que tú no quieres que haga. Es injusto exponerlo a tus reniegos y mal humor cuando tú lo llevaste ahí, y reprimirlo en su deseo de explorar el mundo que tú misma le estás presentando. Y por último, cuál sería el problema de ensuciarse. Explorar, ensuciarse, etc. les ayuda a crecer, a conocer el mundo; su cerebro trabaja más, más neuronas se conectan, su psicomotricidad se desarrolla y, lo mejor, SE CANSAN! Beneficio directo para las madres desesperadas… jeje.

No los contagiemos de adultez, mejor empapémonos de infantilidad. Es más divertido.

Aquí, Ania, con su prima Brenda, jugando en la tierra. Directo a la ducha! 

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