Lo que nos dejó el primer grado

Bien decía la miss de Joaquín: “el primer grado es una etapa de adaptación, hay que tener un poco de paciencia”. Como padres primariosos primerizos, eso de tener paciencia no nos venía bien. En su lugar, la preocupación y ansiedad hacían presa de nosotros. Cada anotación, cada olvido, cada todo era motivo de reflexiones y medidas un tanto innecesarias. Solo la experiencia te da esa tranquilidad.

Ahora que Joaquín está en segundo grado, nos hemos dado cuenta que, ciertamente, el primer grado es una etapa de transición. Ya no se olvida las cosas, bueno, no como el año pasado. Por fin logró congeniar con su miss y ella me ha dicho que está más tranquilo, colaborador, obediente y que está trabajando mejor en clase. Todavía tenemos problemas con la 2da lonchera, pues prefiere jugar antes que almorzar.

El tema de las tareas aún es motivo de trabajo. Si bien casi siempre las anota en la agenda, hay días en que tengo que llamar a alguna mamá para preguntar –mi consuelo es que hay varias mamás que me llaman a mí para lo mismo, así que ya no me estreso-. Su actitud al hacer las tareas en casa todavía requiere motivación. 

Habíamos prescindido del Baúl de las Tareas pues al inicio del año escolar llegaba a casa listo para trabajar y lo hacía con dedicación. Pero ahora, después de 2 meses, se le están agotando las pilas. Por eso, estamos considerando traerlo de vuelta para darle una nueva inyección de motivación.
Me he dado cuenta que mi hijo es lúdico, necesita motivación externa, movimiento, música, ritmo, actividades extracurriculares. Así aprende mejor. 

En este momento, está haciendo tareas. Hace un rato andaba saltando de aquí para allá evitando sentarse a trabajar. Un poco de música solucionó el problema. Está sentado silbando la canción mientras trabaja.

También me he dado cuenta que no le gusta mucho que las cosas le cuesten trabajo y esfuerzo, y que no es constante con sus responsabilidades.
A veces es difícil comprender y ser pacientes con niños que se salen un poco del molde tradicional (o será que este es el nuevo molde y los padres e instituciones no queremos aceptarlo del todo), y, sobre todo, darse el trabajo de encontrar una forma positiva para que haga lo que tiene que hacer. Requiere sacrificio, mucha paciencia, creatividad y consistencia, es decir, nos exige ser mejores a nosotros mismos.
El primer grado es difícil para todos. Antes eran los pequeñitos de quienes la Miss andaba pendientes. De pronto, se enfrentan a la independencia controlada que da la primaria. El consejo: no estresarse ni apresurarse. Nuestro estrés, los estresará. Las cosas, poco a poco, irán acomodándose. Hay que darles tiempo.
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