“¡Mamá, me picó un cachudo!”

Hoy Ania nos dijo con cara de frustración mientras se rascaba el pie: “¡Mamá, me picó un cachudo!”. Mi esposo y yo nos reímos con ternura y le preguntamos: “Un qué?”. Ella se dio cuenta que lo había dicho mal y se corrigió:

“¡Un zampudo!”. Qué ganas de abrazarla y llenarla de besos.


El domingo hizo algo parecido. Estábamos en casa de sus abuelos y Ania quería la espada de hacer burbujas y me dijo:
– “Mamá, quiedo hace budujas”.
– “Quieres hacer budujas?”
– “No, budujas no, budujas!”, me replicó.
– “Budujas?”
– “Nooo, bu-du-jas”, me dijo.
– “Ah! Burbujas”
– “Sí, budujas”

Me encanta cuando los niños van creciendo y ampliando su vocabulario. Utilizan sus nuevas palabras sin darse siquiera cuenta de cuan graciosos, tierno y encantadores se oyen.

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