Cuanto antes, mejor

Sí, es cierto que los niños traen su propio temperamento. Algunos niños pueden ser naturalmente alegres y bondadosos; otros dóciles y amables; otros cariñosos y otros gruñones o geniudos; otros una mezcla. Eso no los hace ni buenos ni malos. Pero sí, tal vez, un poquito más fáciles o un tanto más difíciles.
¿De qué depende? ¿Genes? ¿Herencia? ¿Aprendizaje? A veces los padres hacemos exclamaciones tipo “¡ese carácter lo sacó a ti!“ o cosas por el estilo. Pero la verdad es que, cierto o no, no hará ninguna diferencia.

La diferencia será la manera cómo lo afrontamos. Las características de nuestros hijos definitivamente producen algo en nosotros. Y muchas veces algo distinto en cada padre. De repente la desobediencia  en uno de los padres causa enojo y en el otro tristeza; o las payasadas, en uno causa risa y en el otro impaciencia. Pero ¿la reacción que tengamos frente a eso debe estar sujeta a esa emoción?
Por ejemplo, si tu hijo hace bromas cuando es momento de obedecer seriamente, y –de seguro- esa broma fue realmente graciosa, ¿qué hacer? Te ríes, te carcajeas o te aguantas porque él tiene que aprender que hay tiempo para todo y este es momento de obedecer.  O de repente te sientes realmente cansado y ves que tu hijo está siendo malcriado con su hermana, pero se lo dejas pasar porque no tienes ganas de intervenir o le lanzas un grito ensordecedor para que se detenga.

Muchas de nuestras actitudes y reacciones hacia nuestros hijos están condicionadas por nuestro propio carácter. Y eso, lamentablemente, no significa que sea lo mejor. A veces nuestra propia impaciencia tiñe nuestras palabras hacia ellos, cuando en realidad ellos no tienen la culpa de ser niños y, por ende, inquietos o lentos.

Es duro tener que reconocer –pero no por eso menos cierto- que muchas de las “malcriadeces”, taras o defectos  de nuestros hijos, son simplemente consecuencia de los nuestros. Pues, nosotros mismos, somos imperfectos, tenemos defectos y cosas feas que, en lo profundo de nuestro corazón, anhelamos que ellos no adopten.


El reto, creo, es trabajar en nosotros mismos. Cuanto antes, mejor.

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