Tu dulce corazón

Me encanta que a pesar de que tienes un carácter notoriamente firme, de que reniegas con facilidad, de que persistes sin tregua para conseguir aquello que te interesa, de que a veces seas “quema sangre” a sabiendas y hasta rebelde otras veces, eres noble de corazón.
Aunque tu hermana te fastidie, te muerda, te jale el pelo o te pegue, tú no lo haces con ella. Siempre me llamas para que yo intervenga.

Cada vez que ves a un señor vendiendo en la calle, nos insistes en que le compremos porque sabes que no tiene otro trabajo y que vender caramelos o chocolates en la calle es para poder mantener a su familia. Y si es un niño el que vende, sé que te conmueves porque también sabes que gracias a Dios es tu papá el que trabaja por nosotros.

Me encanta que cuando viene un niño a la casa, le dejas jugar con todos tus juguetes y que, a veces, cuando el niño no te quiere intercambiar alguno, no le digas: “son mis juguetes y yo escojo”, si no que te resignes tranquilo y escojas otro para ti.

Y que cuando tu hermana te desarma tus inventos o derriba tus torres, no le pegues ni la empujes, sino que llores en mis brazos, pidiéndome que la lleve para allá para que te deje jugar.
Me enternece que siempre le invites de tus golosinas, aunque sea un mordisquito y le compartas tus juguetes sin remilgar.

Eres cuidadoso, eres considerado, eres noble mi Joaquín, eres tierno y noble, debajo de esa cáscara con cara de puñete, de esa cobertura de payasada, tienes un corazón dulce y noble.
Sí, a veces la fastidias; sí, a veces la haces renegar; sí, a veces le quitas de su porción, pero eres noble mi dulce Joaquín.

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