Diferencias

Siempre te dicen que no los compares. Otros padres, consejeros, psicólogos y todos los libros de crianza te dicen que no los compares. Pero es imposible no notar las diferencias. Y no es que esté presente la intención de comparar cualitativamente a los hijos para establecer preferencias ni categorías; simplemente, no puedes evitar notar que tal vez uno es un poco más dócil que el otro, o que el otro es un poco más independiente que el uno.

Cuando veo a mi Ania, sus juegos, su carácter y hasta su forma de comer o de dormir, no puedo evitar pensar en cómo era Joaquín a esa edad.

Ania desde que nació se mostró muy sociable, carismática con la gente, conversadora. Recuerdo una vez que vinieron unos amigos a la casa, Ania tenía 1 mes y medio. Estábamos todos en la sala –mientras los niños jugaban en el cuarto de Joaquín-, conversábamos a fuerte volumen, riéndonos mucho –como siempre-, cuando uno de ellos notó sorprendido que Ania también estaba “conversando” con nosotros. Fue muy gracioso escucharla balbucear constantemente “ahhhhhh, ahhhhhh, ahhhhhhh…”. Nos dejó boquiabiertos. Desde ahí, nos dimos cuenta que si alguien se acercaba a ella con un rostro iluminado por una sonrisa amigable y le hablaba con voz aguda, ella soltaba sus “ahhhhhhhh, ahhhhhhh, ahhhhhhh…” como si estuviera conversando.

Joaquín era más indiferente. Cuando era bebé, la gente se le acercaba y le decía con esa característica voz que los adultos hacemos cuando le hablamos a un bebé pequeño: “qué lindo ese bebé”, “hola” o alguna otra de esas típicas frases, Joaquín lo miraba serio, sin hacer muecas ni sonidos, con una cara que parecía decir: “… y esté? Qué le pasa? Por qué me habla así?”. Claro que nosotros y sus abuelos sí obteníamos una sonrisa o gorjeo, pero me daba cierta penita que la gente quisiera mostrarle su cariño y él permaneciera inmutable. Aunque también me daba un poco de risa porque era una reacción inesperada, lo cual ya mostraba características de su singular personalidad.

Ania, a pesar de ser abiertamente sociable y más carismática, es más “chunchita” y no se va así no más con nadie. No sé cuál es su criterio, pero con algunas personas sean hombres o mujeres, reacciona cerrando los ojos, tapando su rostro con las manos o escondiéndose en mi regazo, cuando se acercan a conversarle. Es muy gracioso verla, porque de rato en rato entreabre los ojos, mira entre sus deditos o se asoma para ver si la persona ya se fue. Joaquín, en cambio, no se hacía “paltas” con nadie. Aunque tuvo una época notoriamente antisocial, siempre se mostró más independiente.

Pero también más renegón y enojado. Cosas que hacíamos para que él se riera y que en Ania surten el efecto esperado, en Joaquín -por lo general- conseguían una reacción de enojo. Ahora ya está más grande y está aprendiendo a reaccionar mucho mejor. Me sorprendió el otro día cuando Willy, un amigo nuestro al cual Joaquín siempre admiró porque toca su instrumento favorito: la batería, le extendió la mano para saludarlo mientras él sostenía el último trozo de su galleta. Joaquín se la dio sin remilgos y a Willy se le ocurrió hacerle una broma. Le dio la mano y con la otra le quitó su galleta y se la comió, soltando una risa burlona. Yo me quedé fría esperando la usual reacción colérica de Joaquín y las lágrimas posteriores. En cambio, lo miró con una sonrisa resignada, achinando un poco los ojos, como diciendo: “Me la hiciste!”. Percy y yo nos reímos mirándolo de tal manera que él supiera que aprobábamos su reacción. Me alegré mucho porque tantos años de esfuerzo, oración, peroratas, disciplina y demás, están dando su fruto de a pocos.

Diferentes son. Y no puedo evitar notarlo. No puedo evitar pensar en cómo es uno cuando veo las reacciones o el comportamiento del otro. Pero me cuido mucho de no compararlos. Cuando vemos cosas en Ania que nos llaman la atención, le contamos a Joaquín cómo era él de chiquito, y cómo nos sacaba de cuadro con sus frases, inventos y creatividad. Porque, eso sí, Joaquín es sumamente creativo.

En mi corazón no hay una mínima pizca de querer compararlos para decir que alguno es mejor que el otro, o que uno debería ser más como el otro. Y Dios me libre de caer en eso. Simplemente no puedo evitar notar sus diferencias, sorprenderme por ellas y amarlos más. Y es que Ania es un dulce, amorosa, reilona, coqueta, zalamera y muy inteligente. Joaquín es de carácter, empeñoso, bromista, creativo, independiente y de mente rápida. Ella me enternece y encanta. Él me desafía a ser mejor, a estar un paso adelante, a trabajar en mi propio carácter y a buscar a Dios cada vez más.

2 comments
  1. Qué chévere! Es una idea que describe exactamente cómo son los hijos, me encantó!

  2. Una vez me dijeron que los hijos son como los dedos de la mano, todos unidos por el mismo núcleo, pero cada uno es diferente del otro.

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