El Baúl de las Tareas

viernes, marzo 09, 2012 2 Comments A+ a-


Para muchos, hacer tareas puede resultar sumamente tedioso. Más aún para los niños. Unos cuantos -como solía ser yo de pequeña- encuentran algún tipo de satisfacción interna que resulta suficiente para sentarse voluntariamente en la mesa a reforzar lo aprendido.

Mi hijo no es como yo. Los 2 primeros años de inicial fueron muy complicados en cuanto a tareas se refiere. El mayor problema era su actitud. Cortar, pegar y pintar de por sí era difícil, pero la verdadera tortura llegaba a la hora de embolillar, qué problema, pensaba yo, hasta que entró a kinder 5 y empezaron los trazos y las planas.

Siempre estaba fastidiado a la hora de hacer tareas, con el ceño fruncido preguntándose por qué tenía que cortar por las líneas punteadas o hacer las letras dentro del renglón. Cuando se equivocaba no le daba la gana de usar el borrador, le parecía más interesante mojar con saliva la punta de su dedo y pretender -ahí sí con una sonrisa- que su "mágico" dedo también borraba.

Siempre me preguntaba por qué tenía que echar la goma en las 4 esquinas del papel, si echándola solo en el centro igual se quedaba pegado. Una temporada le dio por escribir su nombre con "y" y no había explicación o historia que lo convenza de escribirlo correctamente porque "Joaquín" y "Joaquýn" suenan igual. Y ni qué decir de colorear. Cada oportunidad era aprovechada para hacerme notar que esa no era su actividad favorita. Su respuesta a cualquier clase de perorata era: "¿Pero qué importa?", con la clásica levantada de hombros.

Creo que el trabajo en equipo de Miss Sarita, Miss Juanita y nosotros le permitió entender que hacerlo mal era más trabajoso que hacerlo bien desde el principio, porque si lo hacía mal tendría que volverlo a hacer cuantas veces sea necesario. CUANTAS VECES SEA NECESARIO. Después de varias semanas -ya hacia los últimos bimestres- y mucha persistencia, paciencia y firmeza, por fin lo entendió.

Este verano, mientras pensaba ilusionada en cómo le iría a Joaquín en primer grado, mi rostro empezó a cambiar de una mirada soñadora hasta casi las lágrimas al recordar que en primer grado habrían más tareas y más responsabilidad que en inicial. Un sincero "Oh no!" brotó desde lo profundo, "Ya no quiero renegar con las tareas!", me decía abrumada.

Todo el verano me la pasé pensando cómo hacer para que el momento de hacer tareas no sea tan estresante como ha sido siempre. Recordaba todos los libros que he leído -que no son pocos-, conversaciones, programas de televisión, incluso otras artimañas y juegos que he empleado para enseñarle a recoger sus juguetes o comer sentado... hasta que la luz de la creatividad volvió a mí.

Una semana antes de empezar las clases, le dije: "Joaqui, falta una semana para que empieces 1er grado y hay algo muy importante que tengo que decirte. He recibido una llamada telefónica, me han dicho que en la casa de algunos niños que empiezan la primaria aparece "El Baúl de las Tareas", ese baúl está lleno de sorpresas que los niños van a poder sacar si hacen su tarea completa, con esfuerzo y de buen ánimo".

El batallón de preguntas no se hizo esperar: Quién lo trae?, Cómo que aparece?, Quién le pone las sorpresas?, Todos los niños tienen uno en su casa?... Después de responder a cada una de sus interrogantes con mucha imaginación -que estimulaba su ya de por sí muy prolífica imaginación-, a Joaquín se le abrieron los ojos y esbozó esa clásica sonrisa que esconde su emoción.

El lunes empezaron las clases y yo esperaba que al regresar preguntara por el baúl, pero no lo hizo. Pensé que tal vez se había olvidado de lo que le había dicho. Al día siguiente, cuando regresó del cole le dije: "A qué no sabes..." y él me cortó: "¿Llegó el Baúl de las Tareas?", "Sí, cómo sabías?" le repliqué, "Lo estaba esperando", me respondió. Por supuesto que se acordaba.

Y se acordaba muy bien de la parte que hablaba del esfuerzo y buen ánimo. Ayer le dejaron su primera tarea. Me sorprendí del resultado. Nunca lo había visto tan empeñoso en pegar derecho, escribir dentro del renglón -incluso usó el borrador cuando se salía-, y, sobre todo, nunca había recibido tan positivamente mis indicaciones. Al final, bajamos el baúl y él sacó una pequeña sorpresita, muy emocionado. Y me dijo "¿no tengo más tareas?", me aguanté la risa y le dije: "No mi amor, pero seguro mañana te dejan más".

¿Cuánto le durará? No sé... ando pensando cómo hacer para mantener su expectativa, curiosidad y resultados. Espero prolongarlo en el tiempo lo más posible... hasta que se me ocurra otra cosa.


ACTUALIZACIÓN 25-05-2014
Debo decir, ahora que mi hijo está en 3ero de primaria, que el Baúl de las Tareas fue elemento indispensable en el aprendizaje de Joaquín. No fue perfecto ni funcionó siempre (a veces había que complementar con otras motivaciones, manteniendo el factor sorpresa y prioritario del baúl), pero fue indispensable.

Hoy en día, ya tiene completamente asimilado (desde 2do grado) que hacer las tareas es parte ineludible de su labor escolar.

Es más, ya le contó a su hermana que cuando entre a primer grado, recibirá su propio baúl que le dará premios cuando haga sus tareas. Y cuando lo usaba, algunos papás me preguntaban qué era eso del baúl de las tareas, obviamente, los niños habían conversado.

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