Me encanta estar en mi casa

Mi princesa ya tiene 6 meses y es una vivaracha curiosísima… pensé que no conocería bebé más mosca que Joaquín, pero me equivoqué, Ania lo supera con creces. Tiene 6 meses y ya está alistándose para gatear, se coloca sobre sus rodillas y manos y se impulsa hacia adelante. Si está echada en la cama y le pones algo adelante, rampea hasta alcanzarlo; y si está muy lejos, rueda hasta llegar a él. No es raro escucharla todo el día balbuceando tatataaaatataa, mamamammamama, papapapapa, nana, ala, ataaa. Cuando está alegre hace un sonido gutural con su garganta como si tosiera o aclarara su voz. Ya aprendió a agitar su manito cuando le dices “hoolaa”, pero no lo hace con cualquiera.

Está perdidamente enamorada de su hermano, cuando lo ve, se emociona, le quiere agarrar la cara, lo jala del cabello y lo acerca hacia ella con la intención de meterse su nariz a la boca -cosa que Joaquín no permite-. Hace poco más de un mes, fue cumpleaños de su primo Mateo, fue graciosísimo ver cómo se emocionaba cuando los niños bailaban y se desesperaba cuando recogían las sorpresas de la piñata.
El domingo pasado vino Mara, mi primita que pasa como mi sobrina -tiene 3 semanas menos que Ania-, y se volvió loquita. Quería agarrarla, chuparle la nariz y las manos, ante la mirada atenta y sorprendida de Mara.
Le encanta tomar agua y extracto de zanahoria, la comida…. bueno, las primeras 5 cucharaditas son muy bien recibidas; las siguientes 5, un poco forzadas; las últimas, apreta la boca y hace sonidos de desagrado. Después de las 6 de la tarde, no soporta estar en ningún lugar que no sean los brazos de su mamá y cuando escucha música, agita la cabeza de atrás hacia adelante como si estuviera rockeando.
Mi príncipe ya cumplió 5 años. Y es un palomilla en potencia, bueno, ni tan en potencia. Travesura tras travesura, algunas me hacen perder la paciencia y otras la autoridad para corregirlo…jijijiiii. Sus frases quedarán grabadas en nuestra memoria para siempre, “Joaquín! Si no obedeces te voy a castigar! -él me mira de reojo, tuerce la boca y me dice: Sin qué?”. Desde que empezó el año, le picaban las manos para escribir, y aprendió de una manera muy curiosa. Como quería ver videos de superhéroes en la compu, empezó preguntando: “mamá, cómo se escribe Superman”. Y le empezábamos a dictar las letras una por una y él iba y venía de la compu al cuarto. Poco a poco, ya no eran las letras una por una, sino sílaba por sílaba y ahora, hacemos que se dé cuenta de los sonidos y los asocie con las letras. Así es que aprendió a leer.
Me encanta estar con mis chiquitines, ser testigo de sus avances, logros y progresos; conocerlos, interpretarlos, enseñarles y, de cuando en cuando, engreirlos. A veces me estreso porque me falta paciencia, sobre todo cuando los dos lloran reclamando mi atención exclusiva. Pero aún así no me lo perdería por nada.

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